manuelo
Poeta fiel al portal
Por esos campos de Dios
no daba un paso siquiera
sin mis flechas y mi arco
sin mi puñal, mi navaja,
mi látigo rabicero
y mi espada de madera;
también llevaba sombrero
una buena cantimplora
y botas de zapatero.
En mi quincana guardaba
un trozo de pan y queso
la fruta que me cabía
un lápiz, un cuadernillo,
y un libro de geografía.
A menudo la manada
para beber se paraba
en un arroyo que había;
y mientras los cochinillos
bebiendo se entretenían
el tiempo yo aprovechaba
sobre la arena dorada,
sobre la arenita fría:
círculo, cuadrado, raya...;
con un palito trazaba
lo poquito que sabía,
mas ¡cómo lo disfrutaba!
Qué bonita era la vida
en Malpica Alta, La Algaba...
Cinco años no cumplía
ni veinte kilos pesaba
y ya era el rey de la Jara
¡el mundo a mis pies tenía!
no daba un paso siquiera
sin mis flechas y mi arco
sin mi puñal, mi navaja,
mi látigo rabicero
y mi espada de madera;
también llevaba sombrero
una buena cantimplora
y botas de zapatero.
En mi quincana guardaba
un trozo de pan y queso
la fruta que me cabía
un lápiz, un cuadernillo,
y un libro de geografía.
A menudo la manada
para beber se paraba
en un arroyo que había;
y mientras los cochinillos
bebiendo se entretenían
el tiempo yo aprovechaba
sobre la arena dorada,
sobre la arenita fría:
círculo, cuadrado, raya...;
con un palito trazaba
lo poquito que sabía,
mas ¡cómo lo disfrutaba!
Qué bonita era la vida
en Malpica Alta, La Algaba...
Cinco años no cumplía
ni veinte kilos pesaba
y ya era el rey de la Jara
¡el mundo a mis pies tenía!
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