Nommo
Poeta veterano en el portal
Anduve más perdido que un cerdo en las nieves eternas de Siberia.
Estuve a punto de comerme una ensalada.
Me habían echado a patadas, de la oficina. No me querían en la empresa.
Yo trabajaba en la cocina. Era camarero.
Me decían: ¡ Éste no es tu sitio, sino por entre las mesas del restaurante !
Cobraba mucho dinero. Eran propinas que me lanzaban, directamente a los bolsillos.
El cliente era millonario. Yo tenía, en aquel entonces, mucha suerte.
Encestaban el fajo de billetes, y yo sonreía.
Luego, me preparaban un trozo de pescado.
Llegué a comprarme diez gasolineras y ocho farmacias.
Nueve reinos. Catorce municipios. Cinco islas, y algunas selvas exóticas.
Y hoy estoy más pobre que una vaca que sólo come queso.
Una vaca que sólo come Sándwich.
Moraleja: No seas estúpido. Dedícate a otra cosa.
Me robaron los secuaces de la Luna. Los emisarios de Venus. Los mensajeros de Marte.
Pinté de chapapote a Napoleón Bonaparte.
También hice de Wolfgang Amadeus Mozart, un ángel negro.
Incluso a Cleopatra, bañé en yogur de fresa.
Y la bauticé como Ricarda.
Soy tan viejo... Que me miro en el espejo y sólo veo al pobre Lázaro.
Estuve a punto de comerme una ensalada.
Me habían echado a patadas, de la oficina. No me querían en la empresa.
Yo trabajaba en la cocina. Era camarero.
Me decían: ¡ Éste no es tu sitio, sino por entre las mesas del restaurante !
Cobraba mucho dinero. Eran propinas que me lanzaban, directamente a los bolsillos.
El cliente era millonario. Yo tenía, en aquel entonces, mucha suerte.
Encestaban el fajo de billetes, y yo sonreía.
Luego, me preparaban un trozo de pescado.
Llegué a comprarme diez gasolineras y ocho farmacias.
Nueve reinos. Catorce municipios. Cinco islas, y algunas selvas exóticas.
Y hoy estoy más pobre que una vaca que sólo come queso.
Una vaca que sólo come Sándwich.
Moraleja: No seas estúpido. Dedícate a otra cosa.
Me robaron los secuaces de la Luna. Los emisarios de Venus. Los mensajeros de Marte.
Pinté de chapapote a Napoleón Bonaparte.
También hice de Wolfgang Amadeus Mozart, un ángel negro.
Incluso a Cleopatra, bañé en yogur de fresa.
Y la bauticé como Ricarda.
Soy tan viejo... Que me miro en el espejo y sólo veo al pobre Lázaro.
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