Anoche me asomé a la ventana de la pantalla, la del último rincón que nuestro amor dejó abierto, desde donde antaño tiraba piedras, escupía frustraciones y cantaba alegrías.
Anoche, mientras me abría paso entre un humo denso y negro que relajaba mi cuerpo, pude verte desde la ventana, a lo lejos. Escondida, mirando con cuidado de no hacer daño, asomándote tan solo de vez en cuando, y sonriendo tímida, para calmar mi soledad.
Pero no debes preocuparte, mi niña. Puedes seguir tu camino sin mirar atrás, que yo seguiré entrando, cualquier día inesperado, al polvoriento rincón de sonrisas y lágrimas.
Y sacaré las fuerzas que infundaste en mi alma, con tu inocencia de niña y tu sonrisa eterna, para tejer una escalera de corazón y palabras. Por si un día te pierdes y la soledad te invade, puedas subir al rincón y sonreir, pues nunca estarás sóla.
Anoche, mientras me abría paso entre un humo denso y negro que relajaba mi cuerpo, pude verte desde la ventana, a lo lejos. Escondida, mirando con cuidado de no hacer daño, asomándote tan solo de vez en cuando, y sonriendo tímida, para calmar mi soledad.
Pero no debes preocuparte, mi niña. Puedes seguir tu camino sin mirar atrás, que yo seguiré entrando, cualquier día inesperado, al polvoriento rincón de sonrisas y lágrimas.
Y sacaré las fuerzas que infundaste en mi alma, con tu inocencia de niña y tu sonrisa eterna, para tejer una escalera de corazón y palabras. Por si un día te pierdes y la soledad te invade, puedas subir al rincón y sonreir, pues nunca estarás sóla.
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