Como una fuente discreta
que canta su mantrax infinito
en medio de los naranjos,
esta mi corazón acurrucado en el pecho.
Con la paciencia de quien no ve el fin,
me sumerjo en las tardes
que recorren el invierno,
y mezo las horas
en la quietud de mi cuarto,
en el cuenco de mis manos,
en el paseo de los ojos
por los libros de texto.
Sentada en mi regazo
la gata ronronea
y se van mis pensamientos
a través de mis dedos,
quedándose vacía mi cabeza.
Estamos encapsuladas
en un impasse de silencio,
en un tiempo,
donde las horas escapan.
Cuando no importa las horas,
el ruido del reloj me parecen campanas.
Cuando el día esta dentro de mi,
la noche no me atrapa.
Gotea el tiempo incansable, suave,
y me uno a su ritmo.
que canta su mantrax infinito
en medio de los naranjos,
esta mi corazón acurrucado en el pecho.
Con la paciencia de quien no ve el fin,
me sumerjo en las tardes
que recorren el invierno,
y mezo las horas
en la quietud de mi cuarto,
en el cuenco de mis manos,
en el paseo de los ojos
por los libros de texto.
Sentada en mi regazo
la gata ronronea
y se van mis pensamientos
a través de mis dedos,
quedándose vacía mi cabeza.
Estamos encapsuladas
en un impasse de silencio,
en un tiempo,
donde las horas escapan.
Cuando no importa las horas,
el ruido del reloj me parecen campanas.
Cuando el día esta dentro de mi,
la noche no me atrapa.
Gotea el tiempo incansable, suave,
y me uno a su ritmo.