Grecia Fuentes
Poeta recién llegado
Un día una pequeña nuez,
sembré en mis adentros,
la regué con mi dolor,
y creció con el tiempo.
Surgió un roble sublime,
se enraizó entre mi consciencia,
azuladas hojas le recubrían,
Era un árbol de extraños frutos.
Cuando cerraba mis ojos,
podía verle ahí, inmutable
cómo un roble puede ser,
aferrado a mi memoria.
Era él; mi infalible compañero,
pero empecé a ser afortunada,
y sus hojas de a poco cayeron,
hasta que eventualmente secó.
Hasta hoy día, le tengo presente,
aún se encuentra enraizado a mi,
me enseñó a juzgar con compasión,
a aceptar el contraste que nos remite.
Si cierto día triste estoy;
le brotan hojas azules otra vez,
cuando me hago diminuta y le busco,
para consuelo en su regazo encontrar.
sembré en mis adentros,
la regué con mi dolor,
y creció con el tiempo.
Surgió un roble sublime,
se enraizó entre mi consciencia,
azuladas hojas le recubrían,
Era un árbol de extraños frutos.
Cuando cerraba mis ojos,
podía verle ahí, inmutable
cómo un roble puede ser,
aferrado a mi memoria.
Era él; mi infalible compañero,
pero empecé a ser afortunada,
y sus hojas de a poco cayeron,
hasta que eventualmente secó.
Hasta hoy día, le tengo presente,
aún se encuentra enraizado a mi,
me enseñó a juzgar con compasión,
a aceptar el contraste que nos remite.
Si cierto día triste estoy;
le brotan hojas azules otra vez,
cuando me hago diminuta y le busco,
para consuelo en su regazo encontrar.
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