El robot humanoide

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

EL ROBOT HUMANOIDE


Como todos los viernes
me siento a pensar unos versos,
pero últimamente no tengo nada que decir, nada.
Esa nada bien podría ser el combustible
del motor del cambio, ¡claro que sí!,
pero no habrá cambio si el motor está en el desguace.

Dicen que repetida una misma cosa muchas veces,
esa cosa atraviesa el umbral de una habitación blanca
y pasa a engrosar el código de un robot humanoide,
un robot que vomita listados repletos de órdenes
mientras inhala una montaña bestial de ketamina.

Yo, por ejemplo, cada día, en el trabajo,
soy el que invita a menús a este robot,
y lo sé no porque lo recuerde,
sino por los tiques arrugados
que me voy encontrando mi bolsillo.
Y esto es muy triste
porque son muchas las horas que pasas en tu vida
sin saber de ti.
Es cierto que no saber de ti mientras trabajas
tampoco está del todo mal.

Pero esta migración hacia el olvido no discrimina
y las veces (que son muchas) que entrego mi gaznate
a una orgía cervecera,
solo cuando la lengua alcanza ya la textura de ese estropajo
que lleva un año en el fregadero
deduzco que, al parecer, me lo estoy pasando muy bien.
Te conviertes así —sin darte cuenta—
en el embuste de un alcohólico abstemio
con su lengua de trapo deletreando en trance
la palabra «aburrimiento»
entre «no tragos» de cerveza.

Pero lo que realmente me desvela
es que son ya muchos sábados
repitiendo el plan del sábado
y solo cuando me descubro inmóvil frente al espejo
con el dedo índice bien metido en la boca
hurgando en la muela del juicio que me duele
comprendo que el tiempo que pasó
me pasa ahora por encima
y que el sábado bien podría ser un domingo cualquiera,
¿y yo?, pues alguien que no soy yo,
sino más bien aquel tipo raro de la habitación blanca.

He sondeado la posibilidad de hartarme a trabajar
hasta el punto de vomitar toda la mierda de mis bucles for
sobre la letrina de mi fracaso vital.
Quizá, tras la purga, recuperase la felicidad de sentirme vivo.
Pero ya os adelanto que este plan no sirve para nada,
porque pasado un tiempo vuelves a la casilla de salida
con una dosis extra de gilipollez robótica,
trabajando más que nunca
y con la misma lengua de trapo.

Parece inevitable que nuestro ser
termine como aquellos tristes equipajes
que nadie reclama en la cinta de los aeropuertos.

Y pasarán los años como si no pasaran
hasta que una última hoja en blanco
precipite
de los labios metálicos
de nuestro robot.

¡Ojalá me equivoque en todo!
y que el robot haga lo suyo sin joderme la vida,
y que vuelva el sábado «porque hoy es sábado»,
y que nunca más
me sorprenda bebiendo
de una jarra de cerveza vacía.​


Kalkbadan
En Madrid, a 26 de enero de 2019

 
Última edición:
Podrías probar a desconectar el robot los viernes por la noche
y conectarlo el lunes por la mañana.

Desconexión completa. Ahoga a ese robot.

No creo que nos convirtamos nunca en ellos, y más las personas con muchos sentimientos.
Nunca nos ganará una máquina, no nos convertiremos en máquinas,
a veces desgraciadamente, sólo en algunas raras ocasiones, pàra no sufrir,
me quedo con los humanos, y con todas sus debilidades.

Un abrazo.
 
Hay momentos geniales en este poema, Andreas. Aquí destaco los mejores para mí:

Dicen que repetida una misma cosa muchas veces,
esa cosa, atraviesa el umbral de una habitación blanca
y pasa a engrosar el código de un robot humanoide,
un robot que vomita listados repletos de órdenes
mientras inhala una montaña bestial de ketamina.


Yo, por ejemplo, cuando trabajo,
soy el que invita a menús a ese robot,
y lo sé, no porque me acuerde, sino por los tiques…;
y esto es muy triste,
porque son muchas horas de tu vida sin saber de ti.


Te conviertes así —sin darte cuenta—
en el embuste de un alcohólico abstemio
con su lengua de trapo deletreando en trance la palabra
«aburrimiento», entre no tragos de cerveza.



Parece inevitable que nuestro ser
termine como aquellos equipajes
que nadie reclama en la cinta de los aeropuertos.


y que vuelva el sábado «porque hoy es sábado»,
y que nunca más
me sorprenda bebiendo

de una jarra de cerveza vacía.​


Luego, en estos versos:

"He sondeado trabajar más
(a modo de dieta hedonista)"

hay algo que personalmente no me acaba... :). Me "cuadra" más decir "He sondeado trabajar menos", y si me equivoco, a lo mejor no quedaría mal decir:

"He sondeado trabajar más
(a modo de dieta a la japonesa)"

...por ejemplo.


Y bueno, el poema me encantó (no sé por qué me da que tú y yo tenemos gustos muy parecidos sobre poesía ;)). Mis sinceras felicitaciones por este poemazo, querido amigo. Un gran abrazo.
 
Hay momentos geniales en este poema, Andreas. Aquí destaco los mejores para mí:




Luego, en estos versos:

"He sondeado trabajar más
(a modo de dieta hedonista)"

hay algo que personalmente no me acaba... :). Me "cuadra" más decir "He sondeado trabajar menos", y si me equivoco, a lo mejor no quedaría mal decir:

"He sondeado trabajar más
(a modo de dieta a la japonesa)"

...por ejemplo.


Y bueno, el poema me encantó (no sé por qué me da que tú y yo tenemos gustos muy parecidos sobre poesía ;)). Mis sinceras felicitaciones por este poemazo, querido amigo. Un gran abrazo.

¡Luis! Acabo de releer este poema, que había ya olvidado.
Qué bueno lo de la dieta japonesa, jaja.
Abrazo, amigo mío.
 
¡Luis! Acabo de releer este poema, que había ya olvidado.
Qué bueno lo de la dieta japonesa, jaja.
Abrazo, amigo mío.

Está muy chulo el poema, lo de la dieta japonesa creo que queda bien, sí :), pero ahora releyéndolo, y ya puestos a ser perfeccionistas, al añadirlo habría que cambiar entonces el penúltimo verso de esa estrofa por "trabajando como siempre" (para dar sentido a lo dicho) ;). Me ha gustado volver a leerlo. Un abrazo amigo.
 
Está muy chulo el poema, lo de la dieta japonesa creo que queda bien, sí :), pero ahora releyéndolo, y ya puestos a ser perfeccionistas, al añadirlo habría que cambiar entonces el penúltimo verso de esa estrofa por "trabajando como siempre" (para dar sentido a lo dicho) ;). Me ha gustado volver a leerlo. Un abrazo amigo.
Luis!! Leyendo el párrafo en cuestión hay algo que -efectivamente- nunca terminó de cuajar. La intención primera (creo) fue la de que si tocas fondo ya poco queda para empeorar. Si te matas a trabajar quizá de ese empacho uno termine por vomitar todo ese código de silicio que te condena al sinsentido de una vida en bucle. Trataré de buscar una alternativa más literal/coherente que no dé rienda suelta a la confusión. Un abrazo, compañero, y gracias por tu lectura siempre tan lúcida y constructiva. Abrazo!!
 
Es un gran texto poético que rompe el orden narrativo.
Tal vez por tratar de ser más específico se vuelve más complejo.
Se pierde la sencillez del sentimiento en una mezcla de sensaciones desordenadas.
Probemos el que seguido intercalado de otro se tiene extraviado sentido.
Poéticamente se ve bien, pero narrativamente se oye mal.
Así son los reflejos. Raramente son esencia y precisión.

Saludos cordiales.
 
Es un gran texto poético que rompe el orden narrativo.
Tal vez por tratar de ser más específico se vuelve más complejo.
Se pierde la sencillez del sentimiento en una mezcla de sensaciones desordenadas.
Probemos el que seguido intercalado de otro se tiene extraviado sentido.
Poéticamente se ve bien, pero narrativamente se oye mal.
Así son los reflejos. Raramente son esencia y precisión.

Saludos cordiales.

Me gusta mucho eso que dices en tu comentario acerca de que ha quedado plasmado -de algún modo- esa inmanente confusión que dimana de una mente zombi. Yo también creo que ese desconcierto amargo le sienta bien al poema.
Gracias por leer.
Igualmente te mando un saludo, Dragón.
 

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