Me cobijas suavemente entre tus brazos
mientras yo, siento tu corazón latir,
con esa ternura que nos va envolviendo
nos deseamos hasta el final de nuestro existir.
Se estremece mi cuerpo al rozar tu piel,
siendo este real sueño ese resplandor
que nos ve despertar juntos cada amanecer,
con caricias tiernas y puro frescor.
¡Arrebátame hasta el último suspiro que me quede!
Tú haciendo caso a mis deseos recorres con pericia
hasta el último rincón de mi cuerpo,
así nos amamos gozando con placer y delicia.
¡Qué será mi vida! Lo que me has dado
que a este corazón lo tienes alborotado,
tú me dices que piensas lo mismo que yo,
y el tuyo te cuenta que de mí... Te has enamorado.
[video=youtube;6UUyTN_UlYE]http://www.youtube.com/watch?v=6UUyTN_UlYE[/video]
Con tu permiso, que me acompañe la música en mi escritura...
Tus palabras erigen un templo a la ternura donde los amantes esconden sus cuerpos a la más que probable lluvia que empapa en la calle las losas y los muros de una ciudad desierta, vuestras manos recorren los centímetros que apura voraz un rescoldo de luz apagado en el cenicero y se sugieren a través de las cortinas las lejanas formas cómplices de farolas silenciosas.
Nubes blancas colmando los cielos aquejados de sus múltiples agujeros por donde se derrochan las esencias de un firmamento que nos ha visto desde el primer día y todavía no nos saluda al vernos, recorre sí también los cuerpos como tus manos en estas líneas, sagaz como un cabello desprendido, nutrido de los vientos que alienta la cortina desmadejada de la habitación, contoneándose se aparta para que el estío sea dueño de los amantes que, desprevenidos, ignoran al firmamento, la noche con su lluvia tétrica, vendida por un Dios pasajero para, como una mano vendada, auscultar nuestro pecho; pero los amantes afortunadamente ignoran que el silencio tamiza las minúsculas moléculas del caos, y queda tan impregnado en tu escrito como el vaho rutila en el espejo de un baño sin ventanas.
¡Arrebátame hasta el último suspiro que me quede!
No nos pertenecen los suspiros, son trocitos prestados de aquéllos que vagan a expensas del capricho divino, son deseos truncados aspirados y expirados como volutas de nuestra alma, regalados a tu más cercano contendiente, a tu amante, a tu imaginario héroe, a tu leyenda viva o esculpida; son quizá revelaciones de nuestro infinito interno, piezas evadidas para incidir o hendir en rivales amantes donde puedan o no encajar, cuadrar y acoplarse, imantar, magnetizar y fijar satélites como amores reflejos al nuestro.
nos deseamos hasta el final de nuestro existir.
El drama que vive en estas palabras arruga el sentimiento que haya podido nacer a la vera de las líneas, ahuyenta la posibilidad de la consecución por una meta imposible, sólo se puede desear algo que no se tiene. El ser humano es imperfecto en la medida que pierde sus logros al alcanzarlos. Pero es un imposible poético que narra tal vez la existencia de seres propios de la lírica desahuciados de la jactancia de esta raza por superar sus mitos y malograrlos tras la ulterior consecución. Montañas, guijarrillos y nuevas vías, nuevas aguas para bracear.
¡Arrebátame hasta el último suspiro que me quede!
Y la idea que retorna de un cuento inacabable en que enamorada entregas la parte etérea y aérea, planteando el reto de recoger esos efluvios humanos, los suspiros, por tu fiel compañero de sombras y lumbre. Retozan los ángeles de la habitación, observando, que ellos también suspiran de su desengaño y de su falta de sexo.
Mi más extraño comentario, amiga, para tu buen poema en mi extraño día, que no le falten mis estrellas.