La decepión murió de pena,
la clausura de este acto es precisión,
no existe torre alta que no pueda caer,
se tuercen los vaivenes de tanto partir,
cruzemos los dedos nos toca salír.
Por la puerta de atrás mientras cae el telón
y la vieja costumbre del ausente don,
ya deliran las luces del cielo
a no ser que cante el ruiseñor.
Solo hacía falta un espejo
y el refugio se haría un infierno,
conócete,
no te engañes,
nada como ser tú mismo.
Darío Méndez
la clausura de este acto es precisión,
no existe torre alta que no pueda caer,
se tuercen los vaivenes de tanto partir,
cruzemos los dedos nos toca salír.
Por la puerta de atrás mientras cae el telón
y la vieja costumbre del ausente don,
ya deliran las luces del cielo
a no ser que cante el ruiseñor.
Solo hacía falta un espejo
y el refugio se haría un infierno,
conócete,
no te engañes,
nada como ser tú mismo.
Darío Méndez