Marla
Poeta fiel al portal
Nunca quisiste huir:
la libertad tiene sus riesgos,
y hasta es más cálida la muerte
si uno asume que su destino inevitable es endulzar
la nada,
mirarse ciegamente en el espejo
imaginando pájaros ajenos,
saltar de un palo a otro de tu incómoda prisión,
columpiarse en los alambres
de un destino miserable,
y dejarte seducir de vez en cuando
por alguna que otra voz
de terciopelo.
Desde el instante en que se incendia la mañana,
las serpientes anidan en los comederos
de tu soledad.
Una fiebre desconocida se apodera de tu alma
de gorrión.
Retas al ruiseñor, bates tus alas
ávidas de viento
sobre la sombra que te crucifica.
Nunca quisiste huir:
desconoces el sabor de la lluvia
en tu garganta.
Ignoras ¡pobre infeliz!
que unos cuantos metros, apenas, te separan
de la eternidad.
la libertad tiene sus riesgos,
y hasta es más cálida la muerte
si uno asume que su destino inevitable es endulzar
la nada,
mirarse ciegamente en el espejo
imaginando pájaros ajenos,
saltar de un palo a otro de tu incómoda prisión,
columpiarse en los alambres
de un destino miserable,
y dejarte seducir de vez en cuando
por alguna que otra voz
de terciopelo.
Desde el instante en que se incendia la mañana,
las serpientes anidan en los comederos
de tu soledad.
Una fiebre desconocida se apodera de tu alma
de gorrión.
Retas al ruiseñor, bates tus alas
ávidas de viento
sobre la sombra que te crucifica.
Nunca quisiste huir:
desconoces el sabor de la lluvia
en tu garganta.
Ignoras ¡pobre infeliz!
que unos cuantos metros, apenas, te separan
de la eternidad.