Orfelunio
Poeta veterano en el portal
EL SACO
Ya se acerca el nieto
donde la abuela yace,
al pecho lleva el lamento
que en el entierro nace,
silencio por un memento,
encierro lleno de cruces,
pasando otros silencios
que vieron con sus embrujes.
Le lleva flores de Mayo,
aquellas flores silvestres,
compradas por su buen yayo,
a un payo de los rupestres.
Yo soy el gitano eterno,
la fuente de plata y oro,
la plata por ser el yelmo,
y el oro es mi tesoro.
La abuela era la alhaja
de un pueblo de cante alegre.
¿Quién cántara a la estrella,
quién, al alto de nieve?
Los muertos, cuando se matan,
por muertos también se mueren,
que un muerto si se bañara,
tan limpio quizá se quede,
que viva estaba la abuela
y muere, cuando se muere,
la prenda de esta su raza
que roba hasta los laureles.
Que viene el hombre del saco
y lleva a los churumbeles,
por la sierra y entre juncos,
entre cantos misereres.
El saco lleva a la espalda
cargado con la rumores.
¡Alto!, -dijo la guardia-.
¡Para! -se oyó a Dolores-.
Di que llevas albahaca,
que vienes a los folclores,
un muerto sobre la espalda
y el alma llena de flores.
Abra la saca, -dijo al cabo-.
El cabo muy obediente
le dijo al guarda teniente
abierta ya la gran boca:
Adentro lleva los cuernos
el rabo y las cuatro patas,
y viene de los infiernos,
que un toro con tanto peso
no puede ser una abuela
que se enterró en el cementerio...
¡Va usted hacia la cloaca!