El salón de los tuertos

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
El pecado existe solamente
Donde exista un dios que lo juzgue,
Donde el remordimiento no deje disfrutar,
Yo soy cliente del salón de los tuertos
Que son medio ciegos y prefieren callar.

Me oculto en la niebla
Y nunca aparezco a no ser con razón,
Columpié mis besos
Y usé a Blanca Nieves
Al hacerle el amor,
Y soy fiel creyente
Que la culpa la tuvo el beso que huyó.

Cada lunes visito el salón de los tuertos
Miro hacia el amor y no imploro perdón,
De las cosas que uno hace y las disfruta
No hay que disculparse
Pues no requieren perdón.

Cubro mi rostro y solo queda el ojo de Dios
Que todo lo mira
Pero que conmigo hace una excepción,
Quedamos en buenos términos
Él gobierna el mundo
Y a él lo gobierno yo.

Dejo de herencia el día que me muera
La risa fingida que de saludo doy
A los que les hablo por hipocresía
Y pido que la vida no les dé mi perdón.

Cada martes visito el salón de los tuertos,
Miro hacia el cielo y no escucho el clamor
Que da la muchedumbre
Que atraviesa el mercado de la condenación.

Y voy de lunes a viernes, sábado y domingo,
Y los días de fiesta tengo libre acceso
Al cuarto de la negación,
Ahí en el salón de los tuertos
Cuento mis pecados, enumero mis penas
Y me río con sabor.
 
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