Lírico.
Exp..
El señor M
A media
mañana,
muy despacio,
aparece
por la plaza.
Husmea
las aceras
buscando
colillas.
Nunca coge
restos
de tabaco
de liar.
No tiene
la menor
prisa, pero
tampoco
conoce
la pausa.
Recorre
los puntos
donde sabe
que hay gente
de cañas,
de copas,
de rayas,
de algo
que llevarse
al alma
como un
agujero.
No le quedan
casi dientes,
parece un
esqueleto,
escudriña
las terrazas.
Siempre pide
cigarros,
monedas,
cervezas,
lo que sea.
Comentan
que lleva
cuarenta
años
haciendo
la misma
rutina.
También dicen
que percibe
una pensión
y que un moro
se cepilla
a su mujer.
Dos o tres
veces,
me ha invitado
a fumar
porros.
Siempre
cruzamos
unas
palabras
cuando
nos vemos.
Creo
que algún día
le echaré
de menos.
A media
mañana,
muy despacio,
aparece
por la plaza.
Husmea
las aceras
buscando
colillas.
Nunca coge
restos
de tabaco
de liar.
No tiene
la menor
prisa, pero
tampoco
conoce
la pausa.
Recorre
los puntos
donde sabe
que hay gente
de cañas,
de copas,
de rayas,
de algo
que llevarse
al alma
como un
agujero.
No le quedan
casi dientes,
parece un
esqueleto,
escudriña
las terrazas.
Siempre pide
cigarros,
monedas,
cervezas,
lo que sea.
Comentan
que lleva
cuarenta
años
haciendo
la misma
rutina.
También dicen
que percibe
una pensión
y que un moro
se cepilla
a su mujer.
Dos o tres
veces,
me ha invitado
a fumar
porros.
Siempre
cruzamos
unas
palabras
cuando
nos vemos.
Creo
que algún día
le echaré
de menos.
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