Mary C. López
Una mujer de líneas y procesos.
El show
Apareció un dulce hombrecito
enamorado de la mujer barbuda,
besando sus codos con devoción,
mientras sus manos enredaba
extasiado en las barbas;
después un oso danzando llegó
al son que su domador marcaba,
balanceando sin gracia su trasero
ante el público entero,
cuando al fin se han marchado entre vivas y aplausos
el silencio se hizo grande;
ahí estaban listos los leones en su jaula,
para hacer un número viejo,
todos los gatitos eran liberados
y corrían tras la vida de un par de alas,
atrapando con sus fauces la paloma asustada,
destrozaban su blancura con el rojo de su alma
para después todos regresar a la jaula
y en la grada complacida la gente lo celebraba.
Los payasos luego entraban
con sus chistes tan diversos, sobre muchas babosadas,
aligerando la conciencia de aquel acto tan nefasto;
entre aplausos ruidosos los payasos se aventaban,
al final fingía uno desmayarse
para que en camilla lo sacaran
y aparecía el animador, con su clásico:
Que siga el buen humor y carcajada,
que esto es parte del show, aquí no ha pasado nada.
Seguirá existiendo el circo,
con sus locos personajes,
y los actos más tristes e impuros
se premiaran con rabiosos aplausos,
de los jueces sin conciencia
que hilarantes acuden tarde a tarde.
Mary C. López.
21.03.2013/México
*LPPMCL
Hay días con paisajes asquerosos.
Apareció un dulce hombrecito
enamorado de la mujer barbuda,
besando sus codos con devoción,
mientras sus manos enredaba
extasiado en las barbas;
después un oso danzando llegó
al son que su domador marcaba,
balanceando sin gracia su trasero
ante el público entero,
cuando al fin se han marchado entre vivas y aplausos
el silencio se hizo grande;
ahí estaban listos los leones en su jaula,
para hacer un número viejo,
todos los gatitos eran liberados
y corrían tras la vida de un par de alas,
atrapando con sus fauces la paloma asustada,
destrozaban su blancura con el rojo de su alma
para después todos regresar a la jaula
y en la grada complacida la gente lo celebraba.
Los payasos luego entraban
con sus chistes tan diversos, sobre muchas babosadas,
aligerando la conciencia de aquel acto tan nefasto;
entre aplausos ruidosos los payasos se aventaban,
al final fingía uno desmayarse
para que en camilla lo sacaran
y aparecía el animador, con su clásico:
Que siga el buen humor y carcajada,
que esto es parte del show, aquí no ha pasado nada.
Seguirá existiendo el circo,
con sus locos personajes,
y los actos más tristes e impuros
se premiaran con rabiosos aplausos,
de los jueces sin conciencia
que hilarantes acuden tarde a tarde.
Mary C. López.
21.03.2013/México
*LPPMCL
Hay días con paisajes asquerosos.