Edith Elvira Colqui Rojas
Poeta recién llegado
El silencio animal de la vida
Que dilema no ha sido resuelto
en el silencio animal
de la duda rota,
que sol no ha resplandecido
en el centro de la lluvia.
La vida,
ese loco cuerdo existencial,
tiene siempre manotazos que darnos,
y cicatrices que nos enseñan.
Y rodamos y rodamos
en su rueda con alma de perro herido,
aullando con nuestras pieles frágiles,
con nuestros equipajes pesados.
La duda persiste:
el hombre solo vive,
nace, come y se recuesta,
y lame la orfandad
y la soledad que le ladra siempre.
Los recuerdos nos muestran, en sus espejos,
quiénes somos
y quiénes debemos ser.
La mente se debate entre el miedo y el deseo.
Nos hemos engañado
o nos han engañado:
que el sol permanecería siempre con nosotros,
y debemos aprender a vivir también bajo las sombras,
con rayos oblicuos de luz.
Y descubrimos que,
aun en el silencio animal,
la vida nos sigue amando,
cada caída es hoja nueva,
es yema joven,
es nueva flor.
La vida, inagotable y brutal,
nos enseña que cada golpe
es semilla de fuerza y asombro,
y que incluso en la lluvia eterna
puede nacer la luz.
Edith Elvira Colqui Rojas ©
Que dilema no ha sido resuelto
en el silencio animal
de la duda rota,
que sol no ha resplandecido
en el centro de la lluvia.
La vida,
ese loco cuerdo existencial,
tiene siempre manotazos que darnos,
y cicatrices que nos enseñan.
Y rodamos y rodamos
en su rueda con alma de perro herido,
aullando con nuestras pieles frágiles,
con nuestros equipajes pesados.
La duda persiste:
el hombre solo vive,
nace, come y se recuesta,
y lame la orfandad
y la soledad que le ladra siempre.
Los recuerdos nos muestran, en sus espejos,
quiénes somos
y quiénes debemos ser.
La mente se debate entre el miedo y el deseo.
Nos hemos engañado
o nos han engañado:
que el sol permanecería siempre con nosotros,
y debemos aprender a vivir también bajo las sombras,
con rayos oblicuos de luz.
Y descubrimos que,
aun en el silencio animal,
la vida nos sigue amando,
cada caída es hoja nueva,
es yema joven,
es nueva flor.
La vida, inagotable y brutal,
nos enseña que cada golpe
es semilla de fuerza y asombro,
y que incluso en la lluvia eterna
puede nacer la luz.
Edith Elvira Colqui Rojas ©
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