Juan Jose Aceves
Poeta recién llegado
Mi voz condenada a ser oída en la nada.
Mi alma es roca. Mi discurso, bronca.
Me hago responsable de esta voz hecha sable:
doble filo que corta la mordaza
y desnuda la farsa.
Soy lengua cruda, sin barniz.
Parto. Incomodo. Calo hasta la raíz.
Penetro el silencio donde anida el fraude,
donde el poder cosecha mentira.
Sé que un sable no derriba muros
ni un trono cae por gritar desde el lodo.
Mi voz no es rayo que tumbe jinetes.
Es gemido. Es susurro que no calla.
Herida pequeña. Cicatriz olvidada.
Pero la herida ignorada se infecta.
El pus del silencio, bajo piel sellada,
es veneno que viaja, crece, despierta.
Es eco. Es voz multiplicada.
No ataco la armadura. Voy a la panza.
Y la infección arde desde el cimiento,
inflama, consume el cuerpo,
hasta que la falsedad se pudra sola.
Mi alma es roca. Mi discurso, bronca.
Me hago responsable de esta voz hecha sable:
doble filo que corta la mordaza
y desnuda la farsa.
Soy lengua cruda, sin barniz.
Parto. Incomodo. Calo hasta la raíz.
Penetro el silencio donde anida el fraude,
donde el poder cosecha mentira.
Sé que un sable no derriba muros
ni un trono cae por gritar desde el lodo.
Mi voz no es rayo que tumbe jinetes.
Es gemido. Es susurro que no calla.
Herida pequeña. Cicatriz olvidada.
Pero la herida ignorada se infecta.
El pus del silencio, bajo piel sellada,
es veneno que viaja, crece, despierta.
Es eco. Es voz multiplicada.
No ataco la armadura. Voy a la panza.
Y la infección arde desde el cimiento,
inflama, consume el cuerpo,
hasta que la falsedad se pudra sola.