Ver el archivos adjunto 59761
Entreveo las puntas
en mi remanso de horas insignes
(miro),
un jarabe que saboreo hondamente,
como si fuera río
deletreando el abrazo.
La sordina en mi pecho
latiendo sin eco,
no es suficiente para tanta muralla
cuando el anhelo se trasluce
y trasciende el licor en la lengua de un verso,
que descifra toda la estancia.
Y entonces, me sujeto a páginas,
largas lecturas de suaves hojeadas;
melodías surcando el cielo de mis retinas,
curvando los labios de a ratos
y en otros, goteando mis lagrimales.
La noche seduce a la madrugada,
mientras los tramos de la mirada
le devuelven al tímpano sus vocablos blancos
y yo,
en la meseta de una posibilidad,
brevemente
me doy cuenta
(….)
(…)
(..)
(.)
.
me vuelvo silencio
(-En el camino de encontrar el silencio-)
Julio 20, 2022
La sordina de tu pecho fue la que te llevó a no silenciar este silencio, a convertirlo en puntos, pequeños cabritos estelares de altísima poesía.
Sabemos que, en el fondo, ella manda. La respiramos. Entonces es cuando por fin logramos escuchar por dentro.
...
Te comparto la primera estrofa de este poema no tan conocido, de José Martí:
Para un príncipe enano
se hace esta fiesta.
Tiene guedejas rubias,
Blandas guedejas;
por sobre el hombro blanco
luengas le cuelgan.
Sus dos ojos parecen
estrellas negras:
Vuelan, brillan, palpitan,
relampaguean!
Él para mí es corona,
Almohada, espuela.
Mi mano, que así embrida
potros y hienas,
va, mansa y obediente,
donde él la lleva.
Si el ceño frunce, temo;
si se me queja,–
cual de mujer, mi rostro
nieve se trueca:
Su sangre, pues, anima
mis flacas venas:
¡Con su gozo mi sangre
se hincha, o se seca!
Para un príncipe enano
se hace esta fiesta.
Enhorabuena por las poetas vivas, Cami de los silencios.