Quizás
para “la poesía”
la paz no sea buena.
En la tormenta interior
acompañada de un buen cuaderno
que capte con belleza
toda la magnitud de sus destellos,
sale a la luz
una obra de arte;
una bomba brillante
capaz de mover
los más íntimos cimientos
de unos sentidos dormidos
que ni siquiera sospechabas
que tuvieras.
Es un resplandor
comparable a una “feria de Abril”,
a una tormenta en pleno monte.
Pero con alto precio.
El corazón se hace jirones
arrastrando tan pesado carro
y sólo eres capaz de disfrutar de ese “cuadro”
cuando no es tuyo
o cuando sólo es recuerdo.
Quizás
para el arte
la paz no sea buena,
pero para el resto de cosas,
de momentos, de personas,
una existencia sin tormenta,
vulgar,
es perfecta.
Monótona y suave
conocida y cómoda
como el sillón de mi cuarto.
para “la poesía”
la paz no sea buena.
En la tormenta interior
acompañada de un buen cuaderno
que capte con belleza
toda la magnitud de sus destellos,
sale a la luz
una obra de arte;
una bomba brillante
capaz de mover
los más íntimos cimientos
de unos sentidos dormidos
que ni siquiera sospechabas
que tuvieras.
Es un resplandor
comparable a una “feria de Abril”,
a una tormenta en pleno monte.
Pero con alto precio.
El corazón se hace jirones
arrastrando tan pesado carro
y sólo eres capaz de disfrutar de ese “cuadro”
cuando no es tuyo
o cuando sólo es recuerdo.
Quizás
para el arte
la paz no sea buena,
pero para el resto de cosas,
de momentos, de personas,
una existencia sin tormenta,
vulgar,
es perfecta.
Monótona y suave
conocida y cómoda
como el sillón de mi cuarto.