El Sino

Edouard

Poeta adicto al portal
La toga nocturna de aquel ser espectral ríe en un aluvión de destellos lunares;quebrándose de raíz la razón que,apesadumbrada,claudica ante las puertas inmisericordes de la Muerte.Es entonces cuando la todopoderosa locura se adueña de la mente y los sentidos del malhadado mortal,dándole como única dádiva el éxtasis que en nube vaporosa se difumina,para no dejar más que el resto salpimentado de un río sanguíneo que se lleva a su paso deseos y pasiones que iluminan el santo camino hacia la apoteosis de un nuevo nacimiento.Tras éste nos espera la mano fría y efímera de un tiempo que,en un instante de sacudida celestial,se resquebraja de la Eternidad.Para iluminar,aunque sea en un fogonazo de obscuridad llameante,nuestras fantasías polimórficas;llenas a reventar de joyas depauperadas por la baba maligna del Demiurgo;el cual lame con gustoso paladar tal ajuar de belleza beatífica,antes de entregarlo en el pecho insomne de los Eternales serios y hieráticos en sombreado nimbo glorioso.
 
homo-adictus,sin la razón entraríamos en el reino beatífico de una muerte prematura donde el sagrado instante,resquebrajado de la Eternidad,nos revelaría misterios insondables que sólo ostenta el malévolo Demiurgo y sus secuaces los Eternales.Atentamente Edouard.
 
Se le atribuye a Gautama esta frase que tu prosa me ha recordado:

"Buscando al constructor del edificio, el demiurgo, he recorrido sin pausa el trayecto circular de muchas vidas. Ahora te he encontrado y he penetrado en tu ser. ¡Nunca más me construirás casa alguna!"
 

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