Céu de Buarque
Poeta adicto al portal
Recibió al cartero a la hora de siempre. Tomó el sobre y lo apretó contra su pecho, presentía que era la última. Atravesó el umbral de la puerta, subió corriendo las escaleras, y en el rincón, lleno de ella libros, fotos de viajes, pinturas
- , abrió su corazón a sabiendas que la cita con aquellas letras, tintas en un papel de excusas, iba a terminar en un llanto desconsolador. La última de cientos de cartas, de encuentros apasionados en distintas ciudades, atravesando mares y cielos, en el transcurso de diez años. Y el detalle, la daga que la dejó desangrándose en el charco que reflejaba ese atardecer de invierno: se casaba con otra.