La noche de los cuentos de hadas
llama a ni ventana.
El frío vestido de gotitas transparentes
asoma su cara clara,
me asusta,
me hace tiritar.
Meto mi cuerpo bajo el edredón
deseando que su calor me bese.
La noche baila con las hadas
mientras que las miro,
apenas sin miedo,
danzar por las nubes.
Brillan las horas en el reloj,
suena su barriga de madera
con otro son,
con son de agua,
y mi alma se serena
con los cantos de las hadas,
la música de la lluvia
y con las horas cuando andan
sobre la cara del reloj
sin descanso.
Espurrean contra el cristal las nubes,
se apaga la luz de la calle,
el silencio pasea rodeando mi casa.
La noche se ha sentado en la placita
hasta mañana.
llama a ni ventana.
El frío vestido de gotitas transparentes
asoma su cara clara,
me asusta,
me hace tiritar.
Meto mi cuerpo bajo el edredón
deseando que su calor me bese.
La noche baila con las hadas
mientras que las miro,
apenas sin miedo,
danzar por las nubes.
Brillan las horas en el reloj,
suena su barriga de madera
con otro son,
con son de agua,
y mi alma se serena
con los cantos de las hadas,
la música de la lluvia
y con las horas cuando andan
sobre la cara del reloj
sin descanso.
Espurrean contra el cristal las nubes,
se apaga la luz de la calle,
el silencio pasea rodeando mi casa.
La noche se ha sentado en la placita
hasta mañana.