Azul de Prusia
Poeta recién llegado
El sueño, mi conquistadora, mi conquista
(Peán azul)
de momentos baila luz en mis ojos, titilante
Señores míos,
damas del abismo,
hijos de la AURORA,
el sueño en pétalo posó furtivo
su mirada en nosotros,
una vez,
tan solo una,
mientras nuestra mirada ingenua,
se posaba en el mundo.
Ahora somos solo tiempo, olvido,
ya no más rapto, ya no más viento efervescente, viento ido,
El sueño, sí, es ahora victoria furtiva sin querer, espina rapaz,
es nuestro yugo en cruz,
es el remo,
el Dios,
es su orilla en luz,
es ahora y para siempre su camino,
la última oportunidad que tenemos
para evitar el revés del sueño
cuando furtivo llega con su espejo predilecto a nuestro lecho,
será alzar la mirada completamente ida de noches,
completamente ida de arreboles,
y despertar,
cayendo simplemente hacia los cielos,
pues solo la caída, solo el despertar que se anuncia únicamente en el beso
y solo en el beso,
en su cristal suplicante,
en su flama
en su sorpresa,
salva de este yugo.
Porque el sueño llega desde lo más alto
y nos lanza al vacío desde su abismo de Amor,
una y otra vez, en juego,
día y noche
noche y noche,
¡noche y rosa sin caer,
sin estrellarse completamente!
El regazo de abismos que el sueño teje lentamente consigo,
en Sed,
con los harapos de nuestros deseos,
nos baja la mirada ante el vasallaje de luz,
luz que impaciente nos espera, contrita, huérfana de Oro,
al borde de nuestro mirar ingenuo.
El sueño es, pues,
Señores míos,
damas del abismo,
hijas de la AURORA,
la derrota escrita,
es canto en pétalo, ¡espina! beso rapaz sin rostro,
!es mi conquistadora!¡mi conquista!
es el triunfo simple del admirar puro y titilante, ciego,
ante el olvido a pausas del mirar.
Imagen: Alfred Kubin, Jede Nacht besucht uns ein Traum (Every Night a Dream Visits Us), 1902-1903.
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