El Suicidio

Edouard

Poeta adicto al portal
Sumergido en las aguas rumorosas de una fuente plateada está el paño perfumado de melancólico clavel.Allí una niña llora por la pérdida irreparable de la vida de su padre,quien vendió cara su alma al demonio,con el fin de demostrar que el también era capaz de asir con sus zafias manos a la luna macilenta en fase de cuarto menguante.Ahora,ella,sola,desconsolada,sólo tiene por compañía a su vetusto ángel de la guarda,quien la intenta guiar por la austera vía del bien y la virtud.Pero tal bonanza se le antoja a nuestra joven fémina una ironía del destino.Ya palpitan en sus sienes la sangre renovada que inocula el fantasmagórico espectro de su difunto ancestro querido,reverberando desde las profundidades insondables del tártaro.Entonces una tristeza plomiza se adueña de su débil espíritu y comienza a clamar en el silencio de la noche por la presencia insondable de su madre también muerta,pero no por pacto sellado con Satanás,sino por alocado suicidio que le inclinó el impulso poderoso del Señor de los Ejércitos.Pero tal aparición sacrosanta no le está permitida.Dios,rencoroso,quiere hacer añicos los recuerdos fúnebres que ella tan celosa guarda en la amarga memoria primogénita,y es entonces cuando nuestra nostálgica niña se despeña por un insondable barranco que,deseoso por la fragancia de amapola de su ya desconsolada vida,ha de acabar en el fondo de un precipicio que la liberará de las cuitas y sinsabores de un malhadado destino.
 

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