El susurro

in nomine umbra

Poeta recién llegado
Había perdido temporalmente la percepción de mi entorno. Rodé al pisar
el musgo que tupe en el malecón cuando hace invierno.

Ignorando el tiempo de mi inconsciencia, gradualmente volví en sí
por un evento que aún hoy no defino con propiedad.

Al parecer, un susurro —cuyo origen no preciso—, me reveló su venida
de las profundidades de Zthurqo.

No bien continuó su balbuceo, cuando una vaharada sulfurosa y
pesada, como de restos marinos fermentados, me indujo a la náusea,
batiendo mi percepción hasta entrever una
silueta de textura escamosa.

Siguió refiriendo de una tormenta nunca esperada, y desencadenaría
turbaciones en el mar hasta no dejar piedra sobre piedra
en Portus Christi.

Hasta ahí había escuchado la revelación sino fuera por el zarandeo de dos
pescadores, que, según ellos, evitaron un mal mayor a causa
del delirio.

Aún sigo yendo al malecón de Portus Christi, pero evado
la temporada fría que es cuando la tormenta pudiera avivar
lo augurado por aquella visión de aliento nauseabundo.
 
Última edición:
Bienvenido, In nomine umbra, buen inicio en el portal compartiendo una oscura experiencia en esta composición que nos ofreces como primicia y muestra de tu obra literaria. La prudencia en los retornos a Portus Christi parece necesaria.

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¡FELICIDADES!

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Agradecido por la selección. Esto me motiva a seguir escribiendo en este portal.
 
Había perdido temporalmente la percepción de mi entorno. Rodé al pisar
el musgo que tupe en el malecón cuando hace invierno.

Ignorando el tiempo de mi inconsciencia, gradualmente volví en sí
por un evento que aún hoy no defino con propiedad.

Al parecer, un susurro —cuyo origen no preciso—, me reveló su venida
de las profundidades de Zthurqo.

No bien continuó su balbuceo, cuando una vaharada sulfurosa y
pesada, como de restos marinos fermentados, me indujo a la náusea,
batiendo mi percepción hasta entrever una
silueta de textura escamosa.

Siguió refiriendo de una tormenta nunca esperada, y desencadenaría
turbaciones en el mar hasta no dejar piedra sobre piedra
en Portus Christi.

Hasta ahí había escuchado la revelación sino fuera por el zarandeo de dos
pescadores, que, según ellos, evitaron un mal mayor a causa
del delirio.

Aún sigo yendo al malecón de Portus Christi, pero evado
la temporada fría que es cuando la tormenta pudiera avivar
lo augurado por aquella visión de aliento nauseabundo.


Interesante cada parte que le da ese toque de oscura magia y deja fluidez en tus letras. Un gusto leerte, saludos desde Colombia.
 

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