Fue de todos los pájaros cantores
el cuco que, asomando la cabeza,
me hacia levantarme con presteza
revelándome, tiempo, tus rigores.
Más tarde llegaron los amores
tu paso marchitaba su belleza,
no pudiste evitarme la tristeza
de tu huella en la muerte de las flores.
Te escapas como arena entre mis manos,
con el último grano he de morir
cual fugaz mariposa del deseo.
¡Somos tan indefensos los humanos¡
¿Quién puede detenerte en tu fluir
si es el vivir tan solo un parpadeo?.
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