Me atraparon los sueños tristes,
se nublo mi alma
y mi corazón se encogió
con el tiro de las palabras,
las tuyas y las mías.
La voz es el arma que orada el corazón
con menos clemencia,
como una lanza perenne.
Una y otra vez
se me ensalza el pensamiento
en el murmullo de la conversación;
en la boca siento aun
la brida de mi sostén
manteniendo la emoción,
controlando en mis ojos las lagrimas.
Soñé toda la noche mi derrumbe,
me sentí en un túnel,
amanecí en duelo con mi alma.
En un rincón quedo agazapada mi alegría,
no ha salido en todo el día a mi cara,
solo el trabajo me rinde
y los niños.
Me escapo con ellos con sus charlas,
con sus canciones me calmo,
atolondro mis sentimientos;
no quiero pensar y pienso.
se nublo mi alma
y mi corazón se encogió
con el tiro de las palabras,
las tuyas y las mías.
La voz es el arma que orada el corazón
con menos clemencia,
como una lanza perenne.
Una y otra vez
se me ensalza el pensamiento
en el murmullo de la conversación;
en la boca siento aun
la brida de mi sostén
manteniendo la emoción,
controlando en mis ojos las lagrimas.
Soñé toda la noche mi derrumbe,
me sentí en un túnel,
amanecí en duelo con mi alma.
En un rincón quedo agazapada mi alegría,
no ha salido en todo el día a mi cara,
solo el trabajo me rinde
y los niños.
Me escapo con ellos con sus charlas,
con sus canciones me calmo,
atolondro mis sentimientos;
no quiero pensar y pienso.