Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
El tractor
Agoniza el sol
y pinta el campo de bronce.
El tractor, ansioso por terminar la jornada,
de punta a punta lo recorre.
Los frescos rollos de pasto
quedan esparcidos por doquier.
Desde lo alto del cúmulo de tierra, observo
este panorama que en mi alma por siempre se impregna.
Se guarda en mi memoria,
junto al verde de las acacias,
la vieja cina-cina brotada,
el aroma a pasto cortado
y la tan querida imagen paterna.
Cada verano, el tractor regresa
poco antes de Navidad
y realiza la misma tarea
desde la mañana hasta entrada la noche.
Y siguen allí las acacias,
colmadas de verde y de pájaros,
y las cinas-cinas, tal vez con una casa de hornero
en uno de sus espinosos brazos.
Y siguen las nubes pasando,
blancas como algodones
o teñidas por la tormenta o el ocaso,
y esparcidos reposarán, empapados de soles
o nubarrones, los rollos de pasto.
Y caerá la noche,
y aparecerán las blancas estrellas,
y, como queriendo saludarlas,
navegarán por el campo azul
las cálidas luciérnagas.
Y se sumarán los focos de la calle
y las luces navideñas,
alumbrando mi cara y las caras ajenas.
Y volverá, sé que todo volverá,
y volveré, pero nada será igual.
Agoniza el sol
y pinta el campo de bronce.
El tractor, ansioso por terminar la jornada,
de punta a punta lo recorre.
Los frescos rollos de pasto
quedan esparcidos por doquier.
Desde lo alto del cúmulo de tierra, observo
este panorama que en mi alma por siempre se impregna.
Se guarda en mi memoria,
junto al verde de las acacias,
la vieja cina-cina brotada,
el aroma a pasto cortado
y la tan querida imagen paterna.
Cada verano, el tractor regresa
poco antes de Navidad
y realiza la misma tarea
desde la mañana hasta entrada la noche.
Y siguen allí las acacias,
colmadas de verde y de pájaros,
y las cinas-cinas, tal vez con una casa de hornero
en uno de sus espinosos brazos.
Y siguen las nubes pasando,
blancas como algodones
o teñidas por la tormenta o el ocaso,
y esparcidos reposarán, empapados de soles
o nubarrones, los rollos de pasto.
Y caerá la noche,
y aparecerán las blancas estrellas,
y, como queriendo saludarlas,
navegarán por el campo azul
las cálidas luciérnagas.
Y se sumarán los focos de la calle
y las luces navideñas,
alumbrando mi cara y las caras ajenas.
Y volverá, sé que todo volverá,
y volveré, pero nada será igual.