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El transportista

El hombre del porsaco

Poeta recién llegado
Juan Jesús es transportista y además es de los buenos,
lo que no le cuenta a nadie es que cada vez ve menos.

Cuando conduce de noche siempre atropella algún ciervo
o eso le parece a él aunque nunca vió los cuernos.

Al adentrarse en un túnel enciende todas las luces
y deslumbra a los de frente que en el muro dan de bruces.

Hoy ha tenido un despiste al recoger su camión,
no era el suyo, era el del circo y arrambló con el león.

Se incorpora a la autopista, el león atrás rugiendo,
no se entera pues tambien el oido está perdiendo.

Tan puntual como un clavo porque eso si lo tiene
entrega su mercancia en los grandes almecenes.

El paquete sale solo y hasta se entrega él solito
justo antes de los llantos, las carreras y los gritos.

Entonces leyó el cartel y lo vió allí masticando,
quiso ayudar pero al móvil alguien lo estaba llamando.

Un encargo peligroso, para un gran profesional,
cruzar la ciudad entera con material nuclear.

Ese día se siente el jefe, va rodeado de escoltas,
como moscas van cayendo, hay niebla y no ve ni torta.

Ya llega cuando un gran ciervo se cruza en la carretera,
por no atropellar al bicho voló la ciudad entera.

Qué ironía que por salvarlo lo mandó todo al infierno,
para una vez que era un ciervo, que éste si que tenía cuernos.
 
Juan Jesús es transportista y además es de los buenos,
lo que no le cuenta a nadie es que cada vez ve menos.

Cuando conduce de noche siempre atropella algún ciervo
o eso le parece a él aunque nunca vió los cuernos.

Al adentrarse en un túnel enciende todas las luces
y deslumbra a los de frente que en el muro dan de bruces.

Hoy ha tenido un despiste al recoger su camión,
no era el suyo, era el del circo y arrambló con el león.

Se incorpora a la autopista, el león atrás rugiendo,
no se entera pues tambien el oido está perdiendo.

Tan puntual como un clavo porque eso si lo tiene
entrega su mercancia en los grandes almecenes.

El paquete sale solo y hasta se entrega él solito
justo antes de los llantos, las carreras y los gritos.

Entonces leyó el cartel y lo vió allí masticando,
quiso ayudar pero al móvil alguien lo estaba llamando.

Un encargo peligroso, para un gran profesional,
cruzar la ciudad entera con material nuclear.

Ese día se siente el jefe, va rodeado de escoltas,
como moscas van cayendo, hay niebla y no ve ni torta.

Ya llega cuando un gran ciervo se cruza en la carretera,
por no atropellar al bicho voló la ciudad entera.

Qué ironía que por salvarlo lo mandó todo al infierno,
para una vez que era un ciervo, que éste si que tenía cuernos.
Eres muy ingenioso en Todo lo que escribes. Me agrada leerte.
Un saludo.
 

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