El tren.

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
Soy el tren.
Me evocan las periferias en la quietud del crepúsculo.
A veces tengo sabor a roca macerada, a un aborto de cobre
sobre hojas de fárfara. Ser de innumerables nieblas
y ciervos decapitados. Cruzo los reinos del jabón extraído
de los cadáveres obesos y solamente sé mirar adelante.
Llevo otro suicida para las siderurgias humeantes,
donde se forjan los mejores cuchillos.
Hay un flujo de carótidas, un despertar de avispas
en la garganta del silencio.
Me esperas cada mañana sin saber que te llevo dentro desde siempre.
Soy el nombre de la rutina tatuado en tus brazos cansados.
Te devuelvo a los vacíos, en la estación de tu mortalidad.
Soy el dios de la sosa cáustica, el blanco que se percibe en el dolor.
 
Última edición:
Buscas siempre, prisionero, y siempre encuentras como envolvernos en tu mundo poético. Bien logrado trabajo, me ha encantado. Mi abrazo con estrellas.
 
Tren de vida, mejor no perderlo. Hay mucho que recorrer. Aunque tengas tiempo perdido en alguna estación, hay que continuar. ¡Percha y camisa! A caminar, jejejeje.
Un placer acompañarte, aunque a veces me pierda en tu jardín.
Te dejo estrellas y mi abrazo amigo.
Vidal
 
Soy el nombre de la rutina tatuado en tus brazos cansados",

sin duda una palabras refrescantes, para cualquiera.

hermoso poema, como siempre.

te dejo abrazos
 
Tus letras siempre hacen pensar y analizar y tienen ese alo de misterio y misticismo, con esa profundidad que dejans desprender....abrazos, te dejo todad mi admiración
 
Soy el tren.
Me evocan las periferias en la quietud del crepúsculo.
A veces tengo sabor a roca macerada, a un aborto de cobre
sobre hojas de fárfara. Ser de innumerables nieblas
y ciervos decapitados. Cruzo los reinos del jabón extraído
de los cadáveres obesos y solamente sé mirar adelante.
Llevo otro suicida para las siderurgias humeantes,
donde se forjan los mejores cuchillos.
Hay un flujo de carótidas, un despertar de avispas
en la garganta del silencio.
Me esperas cada mañana sin saber que te llevo dentro desde siempre.
Soy el nombre de la rutina tatuado en tus brazos cansados.
Te devuelvo a los vacíos, en la estación de tu mortalidad.
Realmente exquisitas imágenes que se congracian con tu inspiración fluida, un paisaje lirico que nos invita a un viaje ameno e interesante. Espléndido escrito estimado amigo.
 
En cualquier caso eres tren que llega a nuestra estación de versos llevando en sí todo un universo de belleza y sensibilidad. Magníficas imágenes para expresar el dolor y los vacíos cotidianos. Mis aplausos y estrellas a tu obra. Abrazos.
 
Siempre es un placer leerte amigo Marius,
es como abrir una ventana a lo maravilloso
del sentir poético que te circunda
y llega a nosotros para deleitarnos.
Un saludo, siempre es un placer leerte.
 
Soy el tren.
Me evocan las periferias en la quietud del crepúsculo.
A veces tengo sabor a roca macerada, a un aborto de cobre
sobre hojas de fárfara. Ser de innumerables nieblas
y ciervos decapitados. Cruzo los reinos del jabón extraído
de los cadáveres obesos y solamente sé mirar adelante.
Llevo otro suicida para las siderurgias humeantes,
donde se forjan los mejores cuchillos.
Hay un flujo de carótidas, un despertar de avispas
en la garganta del silencio.
Me esperas cada mañana sin saber que te llevo dentro desde siempre.
Soy el nombre de la rutina tatuado en tus brazos cansados.
Te devuelvo a los vacíos, en la estación de tu mortalidad.
Soy el dios de la sosa cáustica, el blanco que se percibe en el dolor.
Ritmo y rutina de tatues que son cuaremas entre el olor de una necesidad
desprenddida por el desalojo de los aromas. felicidades. un poema
excelso luzyabsenta
 

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