F. Marcos
F. Marcos
Unos vienen y otros van.
El trasiego de la gente
me envuelve.
Me siento extraño, aturdido
necesito parar.
Con pasos vacilantes
-de animal herido-
me refugio en ese banco, metálico
solitario y frío,
compartiendo su desnudez.
Miro en mi interior
y no me reconozco.
Como no lo hago
con esa "maquina de diseño"
fría y distante,
que está frente a mí.
ES, el AVE.
Pero... ¿donde está mi tren?
Esa locomotora
ruidosa y humeante,
que hacía las delicias
de la chiquillería.
Portadora de penas
-si se llevaba a un ser querido-
que, soñando con "El Dorado"
dejaba atrás la miseria
y también su corazón.
De alegrías.
Cuando... con su potente silbato
anunciaba el retorno
del hijo pródigo,
que derrotado o, conquistador
volvía a sus orígenes.
Tren desconocido
vuelvo a casa,
hoy, toca alegría.
Con mi derrota, sí.
Mi gente lamerá las heridas.
Y, recuperaré las fuerzas
en la tierra, que me vio nacer.
¡No llores, madre!
Volverá a salir el sol,
mañana, será otro día.
Y, cabalgará una vez más
la vieja locomotora
que, envuelta en una nube
de humo y carbonilla,
desafiará al silencio
con su estridente pitido,
arrastrando tras de si
sus vagones variopintos, cargados
de nuevas esperanzas.
Y, en la oscuridad de la noche
-en su madriguera-
el lobo, volverá a soñar.
El trasiego de la gente
me envuelve.
Me siento extraño, aturdido
necesito parar.
Con pasos vacilantes
-de animal herido-
me refugio en ese banco, metálico
solitario y frío,
compartiendo su desnudez.
Miro en mi interior
y no me reconozco.
Como no lo hago
con esa "maquina de diseño"
fría y distante,
que está frente a mí.
ES, el AVE.
Pero... ¿donde está mi tren?
Esa locomotora
ruidosa y humeante,
que hacía las delicias
de la chiquillería.
Portadora de penas
-si se llevaba a un ser querido-
que, soñando con "El Dorado"
dejaba atrás la miseria
y también su corazón.
De alegrías.
Cuando... con su potente silbato
anunciaba el retorno
del hijo pródigo,
que derrotado o, conquistador
volvía a sus orígenes.
Tren desconocido
vuelvo a casa,
hoy, toca alegría.
Con mi derrota, sí.
Mi gente lamerá las heridas.
Y, recuperaré las fuerzas
en la tierra, que me vio nacer.
¡No llores, madre!
Volverá a salir el sol,
mañana, será otro día.
Y, cabalgará una vez más
la vieja locomotora
que, envuelta en una nube
de humo y carbonilla,
desafiará al silencio
con su estridente pitido,
arrastrando tras de si
sus vagones variopintos, cargados
de nuevas esperanzas.
Y, en la oscuridad de la noche
-en su madriguera-
el lobo, volverá a soñar.