Teo Moran
Poeta fiel al portal
Allí convive en las soleadas vigilias
la desazón de una nube en el viento,
una amapola de coral y perfumada
en la baranda de una tarde estival,
en el fulgor de los girasoles bellos
junto a la marisma de un sereno trigal.
-¡Allí mi alma es atrapada por el amor
de la melodía que lleva el sendero!...
Y sé que sus enjutos tallos ahora verdes
toman para sí los rayos equidistantes
enamorados de sus pétalos perfectos,
ávidos de vida se nutren de los minerales
que yacen bajo la arcilla del socavado suelo.
Y sé que allí la espiga será juventud
en la quietud eterna del viejo sendero,
el girasol esbozo del cuadro más hermoso
tintado con los dedos del amor del cielo.
Y sé que pedirán mi atención, mi tiempo,
que me recueste a su lado y los adule
dándoles nombre con cada uno de mis versos,
exigen que el viento les acaricie con sus dedos,
aún cuando el verano como sus granos
poco a poco va alcanzando su cenit
a la orilla del Nela, a los pies de los chopos.
Y sé que allí no paró el tiempo peregrino,
no detuvo su paso ante aquella belleza,
dejó que la juventud diera paso al otoño
con la melodía que lleva el sendero.
Los pétalos son ahora plomizos destellos,
el trigal hace tiempo fue segado
y sus espigas cortadas hieren mi pecho.
-¡Ya es hora espiga, ya es el momento
pétalo mustio del girasol viejo!
Tú que te adueñaste del mineral del suelo
y tus tallos danzaron con los dedos del viento,
ya es hora que tu angostado cuerpo
ofrezca su alma con la promesa de que un día
volveré a recostarme junto a ellos,
y les daré nombre con cada uno de mis versos
mientras la vida se abre camino de nuevo.