El último viaje...

Animal Banir

Poeta recién llegado
A la oscuridad que anida en cada uno de nosotros...
le podemos dar infinitas formas...
nombres, egos, caras, interpretaciones...
estigmas, pecados, cargas, defectos...

Nada de eso importa. Al final, todos volveremos.
Miraremos una última vez, quien viene a despedirnos...
en este último tren. El último viaje por la tierra.
Y en nuestra maleta, ella.

La estación marca el abismo más oscuro.
Donde los trenes tienen dientes.
Y adornando las vías...
los tristes cráneos de los suicidas.

Aquellos que con las prisas, se quedaron sin billete.

Hay un reloj muerto. Caído al pie del acceso subterráneo.
Reservado para aquellos clientes Vip que ayudan a la compañía.
Bajan aullando lamentos callados, respirando de forma entrecortada.
Porque el último aliento, es el más dulce.
Y luego están los peores. Los hombres de negro atuendo...
que caminan orgullosos y altivos mientras descienden las escaleras.

En sus caras, tatuados. Los rostros de todas sus víctimas.

Hay vertederos para depositar las discapacidades...
e incubadoras para seres frágiles. Luces más delicadas...
parpadeantes.
Cuando parten, a veces, entre la niebla matutina...
uno es capaz de escuchar las últimas palabras de los finados.

Quizás la niebla la formen sus alientos.

Respira hondo y parte despacio.
El dragón vigila la grieta y todo se tiñe de negro.

Destino: El profundo abismo más allá del tiempo.
Tiempo de llegada: La eternidad de un segundo.
 
Parece una crónica de certeros presentes... donde la oscuridad tiene caras, nombres, apellidos, reformas de Estado y hasta música... Cuantos recovecos faltará sortear a los que la ven tan grande que parece sin rostro, abismo, sin duda. ¡¡Un fuerte abrazo!!
 
A la oscuridad que anida en cada uno de nosotros...
le podemos dar infinitas formas...
nombres, egos, caras, interpretaciones...
estigmas, pecados, cargas, defectos...

Nada de eso importa. Al final, todos volveremos.
Miraremos una última vez, quien viene a despedirnos...
en este último tren. El último viaje por la tierra.
Y en nuestra maleta, ella.

La estación marca el abismo más oscuro.
Donde los trenes tienen dientes.
Y adornando las vías...
los tristes cráneos de los suicidas.

Aquellos que con las prisas, se quedaron sin billete.

Hay un reloj muerto. Caído al pie del acceso subterráneo.
Reservado para aquellos clientes Vip que ayudan a la compañía.
Bajan aullando lamentos callados, respirando de forma entrecortada.
Porque el último aliento, es el más dulce.
Y luego están los peores. Los hombres de negro atuendo...
que caminan orgullosos y altivos mientras descienden las escaleras.

En sus caras, tatuados. Los rostros de todas sus víctimas.

Hay vertederos para depositar las discapacidades...
e incubadoras para seres frágiles. Luces más delicadas...
parpadeantes.
Cuando parten, a veces, entre la niebla matutina...
uno es capaz de escuchar las últimas palabras de los finados.

Quizás la niebla la formen sus alientos.

Respira hondo y parte despacio.
El dragón vigila la grieta y todo se tiñe de negro.

Destino: El profundo abismo más allá del tiempo.
Tiempo de llegada: La eternidad de un segundo.

Buen poema Animal, la boca del dragón tiene el hocico abierto... ese segundo
 

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