brokenknees
Poeta fiel al portal
En el valle de las estatuas sin sol,
vine a abrir los ojos,
rompiendo mis parpados,
unidos con lágrimas de estaño.
Aquel valle rodeado de seres,
moldeados con dolor,
ningún rostro ni razón,
un silencio que perfora las sienes.
Entre difusas imágenes,
una llama mi atención,
aquel hombre sin corazón,
y una sonrisa sin dientes.
Sentado en una cama de faquir,
señalando el horizonte rojo,
debajo de su muñeca decía:
"Aquel hombre que ve, no es el que posee ojos"
Después del anochecer las estatuas brillan,
y ya casi cerca a la salida,
una se incrusto en mi imaginación,
aquella que no tiene ni labios y tampoco voz.
La señora desangrando su lengua,
mirando hacia arriba,
¿Buscando respuestas?, eso parecía... y debajo de su mentón se leía:
"Prefiero perder la lengua, a perder la razón".
Ya en el umbral a puertas de el final,
Silenciosamente gire mi vista,
como un adiós inerte,
a aquel agradable jardín.
La muerte con sus dientes de aguja,
masticando a la pequeña vida,
y vi que, en el pico del fénix posado al costado de su sien,
salpicado de sangre decía: ¿Quien devora a quien?
vine a abrir los ojos,
rompiendo mis parpados,
unidos con lágrimas de estaño.
Aquel valle rodeado de seres,
moldeados con dolor,
ningún rostro ni razón,
un silencio que perfora las sienes.
Entre difusas imágenes,
una llama mi atención,
aquel hombre sin corazón,
y una sonrisa sin dientes.
Sentado en una cama de faquir,
señalando el horizonte rojo,
debajo de su muñeca decía:
"Aquel hombre que ve, no es el que posee ojos"
Después del anochecer las estatuas brillan,
y ya casi cerca a la salida,
una se incrusto en mi imaginación,
aquella que no tiene ni labios y tampoco voz.
La señora desangrando su lengua,
mirando hacia arriba,
¿Buscando respuestas?, eso parecía... y debajo de su mentón se leía:
"Prefiero perder la lengua, a perder la razón".
Ya en el umbral a puertas de el final,
Silenciosamente gire mi vista,
como un adiós inerte,
a aquel agradable jardín.
La muerte con sus dientes de aguja,
masticando a la pequeña vida,
y vi que, en el pico del fénix posado al costado de su sien,
salpicado de sangre decía: ¿Quien devora a quien?