Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
En un castillo en los Cárpatos
donde tiene su guarida,
un monstruo de aspecto humano,
duerme oculto por el día.
Cuando la noche se asoma
a su lóbrega morada,
el vampiro se incorpora
en su tumba y se levanta.
Ha llegado ya el momento
de salir de cacería,
y el asesino está presto
a cometer fechorías.
Por dos lobos escoltado,
se dirige hacia una aldea,
donde duermen confiados
los que pueden ser su presa.
Atisba por la ventana
de una casita del pueblo
y ve durmiendo en su lecho
a una joven aldeana.
En los cristales golpea
el vampiro con sus dedos
la jovencita, despierta
y la hipnosis hace el resto
Tan pronto como la moza
le facilita la entrada
sobre su cuello se arroja
y los colmillos le clava.
Con avidez el vampiro
bebe su sangre lozana,
la joven pierde el sentido,
hasta que entrega su alma.
A la mañana siguiente,
muerta aparece en su cama,
y sus padres, inocentes,
en ese estado la hallan.
Le dan tierra, condolidos
y, después, punto y seguido
donde tiene su guarida,
un monstruo de aspecto humano,
duerme oculto por el día.
Cuando la noche se asoma
a su lóbrega morada,
el vampiro se incorpora
en su tumba y se levanta.
Ha llegado ya el momento
de salir de cacería,
y el asesino está presto
a cometer fechorías.
Por dos lobos escoltado,
se dirige hacia una aldea,
donde duermen confiados
los que pueden ser su presa.
Atisba por la ventana
de una casita del pueblo
y ve durmiendo en su lecho
a una joven aldeana.
En los cristales golpea
el vampiro con sus dedos
la jovencita, despierta
y la hipnosis hace el resto
Tan pronto como la moza
le facilita la entrada
sobre su cuello se arroja
y los colmillos le clava.
Con avidez el vampiro
bebe su sangre lozana,
la joven pierde el sentido,
hasta que entrega su alma.
A la mañana siguiente,
muerta aparece en su cama,
y sus padres, inocentes,
en ese estado la hallan.
Le dan tierra, condolidos
y, después, punto y seguido