Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
El ciego me miro,
el ciego que vende espejos en la esquina,
estoy seguro que me vio,
cada mañana y cada tarde
paso por aquí.
Esta tarde me quede un poco mas
que siempre,
compre un café en el puesto junto a los espejos,
la gente fluye despavorida alrededor de mí.
Estos espejos me atraen desde que te perdí,
siempre intento verme en ellos y no puedo,
hay varios distintos,
camino frente a ellos bebiendo café.
Solo deambulo de extremo a extremo
desde el espejo más grande al más pequeño,
me detengo en el que caben solo mis ojos
y un sueño.
En mis ojos veo miedo,
veo el terror de estar solo
en medio de millones de gentes,
la vida pasa acelerada por el espejo
como si fuera un retrovisor.
La calle pierde su forma
y el farol llora un recuerdo amarillo,
siento un escalofrió,
bebo un poco de café,
es de noche otra vez.
Las siete dice el reloj que no se detiene
busco con la mirada al ciego de los espejos
y ahí esta en su banquillo mirado a la nada
sin ver.
En medio de todos hay un espejo
de marcos brillantes,
el farol de la esquina hizo que pareciera
la luna de los espejos,
(“ese quiero dijo un reflejo”)
un susurro enceguecedor,
un farol,
un corazón o una razón.
La luna de los espejos fue todo mi mundo
un momento,
acudí y me puse frente a el
y finalmente me mire…
me vi 20 años atrás
antes de empezar a olvidar,
vi un lago, una marina y un bote,
el cielo de la tarde estaba sobre el agua,
comenzó a nevar
y copos blancos de nieve me vinieron a encontrar.
Desperté con el viento frió
y me vi en la calle otra vez,
busque al ciego a mi alrededor
y me tope con su mirada ausente,
el me miro y me vio
estoy seguro que me vio,
me acerque a el y no me sacaba sus blancas pupilas
de encima,
le dije…
lo compro,
el espejo de marcos brillantes
¡lo compro!
...
el ciego que vende espejos en la esquina,
estoy seguro que me vio,
cada mañana y cada tarde
paso por aquí.
Esta tarde me quede un poco mas
que siempre,
compre un café en el puesto junto a los espejos,
la gente fluye despavorida alrededor de mí.
Estos espejos me atraen desde que te perdí,
siempre intento verme en ellos y no puedo,
hay varios distintos,
camino frente a ellos bebiendo café.
Solo deambulo de extremo a extremo
desde el espejo más grande al más pequeño,
me detengo en el que caben solo mis ojos
y un sueño.
En mis ojos veo miedo,
veo el terror de estar solo
en medio de millones de gentes,
la vida pasa acelerada por el espejo
como si fuera un retrovisor.
La calle pierde su forma
y el farol llora un recuerdo amarillo,
siento un escalofrió,
bebo un poco de café,
es de noche otra vez.
Las siete dice el reloj que no se detiene
busco con la mirada al ciego de los espejos
y ahí esta en su banquillo mirado a la nada
sin ver.
En medio de todos hay un espejo
de marcos brillantes,
el farol de la esquina hizo que pareciera
la luna de los espejos,
(“ese quiero dijo un reflejo”)
un susurro enceguecedor,
un farol,
un corazón o una razón.
La luna de los espejos fue todo mi mundo
un momento,
acudí y me puse frente a el
y finalmente me mire…
me vi 20 años atrás
antes de empezar a olvidar,
vi un lago, una marina y un bote,
el cielo de la tarde estaba sobre el agua,
comenzó a nevar
y copos blancos de nieve me vinieron a encontrar.
Desperté con el viento frió
y me vi en la calle otra vez,
busque al ciego a mi alrededor
y me tope con su mirada ausente,
el me miro y me vio
estoy seguro que me vio,
me acerque a el y no me sacaba sus blancas pupilas
de encima,
le dije…
lo compro,
el espejo de marcos brillantes
¡lo compro!
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