El vendedor de pulseras

María Rentería

Luna en Acuario.
Todos los miércoles lo veo llegar. Yo diría que si John Lennon estuviera vivo y fuera pobre, se vería como él. Playera estilo hippie, naranja, con el símbolo de amor y paz difuminado en el frente. Cabellos largos, canosos, acomodados al capricho del viento –o tal vez sea que el cepillo huyó de su casa-. Pantalones de mezclilla que seguro un día fueron naranja y ahora son como salmón deslavado, tenis viejos y mugrosos. Llega en su vieja Caribe roja cuya pintura ya no sabe lo que es brillar. Después de estacionar su auto baja el carrito en el que lleva las tablas y varillas para armar su puesto en el tianguis.

Vende pulseras, aretes, collares, todos con cuentas de madera y nudos tipo macramé, con lazos de piel. ¿Qué podría vender si no?

No sé por qué me llama tanto la atención este vendedor de pulseras, esta figura literaria. Será que me intriga su persona. Será que me lo imagino solo al llegar a casa cada noche, a abrir una cerveza y tirarse frente a la tele, y de vez en vez echarse un carrujo de mota. Será que parece que el tiempo se estacionó en él, será que es una triste figura de otra época.

No lo conozco, y en él reconozco la huella de la vida, del sufrir, del gozar, del llorar. Y una cierta sensación de hastío.

Ciertamente, cuando un día ya no lo vea llegar será raro, y si después de varias semanas ya no llega, será cuestionante… ¿O descansado? No para mí, para él, pues yo sigo en la refriega, deseosa de no ser nunca una figura de la soledad intrigante.
 
Última edición:
que interesante y el final más aún, ella perdida en sus figura y luego ella no queriendo que nadie la vea así. Pues estas figuras literarias son muy reales y aunque la tele vende más los hombres ricos y fueron felices para siempre, estos son la minoría, me gustan mucho unos muñes que hacen para los niños o sé de que empresa, que ahora hasta hablan de sus males y los pintan con defectos, no el clásico príncipe. Un placer leerte. Abrazos
 
que interesante y el final más aún, ella perdida en sus figura y luego ella no queriendo que nadie la vea así. Pues estas figuras literarias son muy reales y aunque la tele vende más los hombres ricos y fueron felices para siempre, estos son la minoría, me gustan mucho unos muñes que hacen para los niños o sé de que empresa, que ahora hasta hablan de sus males y los pintan con defectos, no el clásico príncipe. Un placer leerte. Abrazos

Muchas gracias Brise por pasar y comentarme. Tu comentario es muy profundo y reflexivo. Casi siempre la realidad es más subyugante y atrapadora que la ficción. Besos.
 
Todos los miércoles lo veo llegar. Yo diría que si John Lennon estuviera vivo y fuera pobre, se vería como él. Playera estilo hippie, naranja, con el símbolo de amor y paz difuminado en el frente. Cabellos largos, canosos, acomodados al capricho del viento –o tal vez sea que el cepillo huyó de su casa-. Pantalones de mezclilla que seguro un día fueron naranja y ahora son como salmón deslavado, tenis viejos y mugrosos. Llega en su vieja Caribe roja cuya pintura ya no sabe lo que es brillar. Después de estacionar su auto baja su carrito en el que lleva las tablas y varillas para armar su puesto en el tianguis.

Vende pulseras, aretes, collares, todos con cuentas de madera y nudos tipo macramé, con lazos de piel. ¿Qué podría vender si no?

No sé por qué me llama tanto la atención este vendedor de pulseras, esta figura literaria. Será que me intriga su persona. Será que me lo imagino solo al llegar a casa cada noche, a abrir una cerveza y tirarse frente a la tele, y de vez en vez echarse un carrujo de mota. Será que parece que el tiempo se estacionó en él, será que es una triste figura de otra época.

No lo conozco, y en él reconozco la huella de la vida, del sufrir, del gozar, del llorar. Y una cierta sensación de hastío.

Ciertamente, cuando un día ya no lo vea llegar será raro, y si después de varias semanas ya no llega, será cuestionante… ¿O descansado? No para mí, para él, pues yo sigo en la friega, deseosa de no ser nunca una figura de la soledad intrigante.

Recoger los destellos de vida en otros, imaginando lo que también podemos ser para los demás. Entrañable personaje describes. Me gusta imaginar al que observa también.

Felicidades por la prosa.

Palmira
 
Recoger los destellos de vida en otros, imaginando lo que también podemos ser para los demás. Entrañable personaje describes. Me gusta imaginar al que observa también.

Felicidades por la prosa.

Palmira

Gracias por tus bellas palabras y tu visita Palmira. Es hermoso imaginar a los poetas que nos comparten aquí sus letras, ciertamente. Besos.
 
Todos los miércoles lo veo llegar. Yo diría que si John Lennon estuviera vivo y fuera pobre, se vería como él. Playera estilo hippie, naranja, con el símbolo de amor y paz difuminado en el frente. Cabellos largos, canosos, acomodados al capricho del viento –o tal vez sea que el cepillo huyó de su casa-. Pantalones de mezclilla que seguro un día fueron naranja y ahora son como salmón deslavado, tenis viejos y mugrosos. Llega en su vieja Caribe roja cuya pintura ya no sabe lo que es brillar. Después de estacionar su auto baja su carrito en el que lleva las tablas y varillas para armar su puesto en el tianguis.

Vende pulseras, aretes, collares, todos con cuentas de madera y nudos tipo macramé, con lazos de piel. ¿Qué podría vender si no?

No sé por qué me llama tanto la atención este vendedor de pulseras, esta figura literaria. Será que me intriga su persona. Será que me lo imagino solo al llegar a casa cada noche, a abrir una cerveza y tirarse frente a la tele, y de vez en vez echarse un carrujo de mota. Será que parece que el tiempo se estacionó en él, será que es una triste figura de otra época.

No lo conozco, y en él reconozco la huella de la vida, del sufrir, del gozar, del llorar. Y una cierta sensación de hastío.

Ciertamente, cuando un día ya no lo vea llegar será raro, y si después de varias semanas ya no llega, será cuestionante… ¿O descansado? No para mí, para él, pues yo sigo en la friega, deseosa de no ser nunca una figura de la soledad intrigante.

Los atrapados del sistema, alguna vez creyeron que podían hacerlo desde afuera, y no se percataron que jamás pudieron salir, porque cualquier tipo de antiprogreso, es la mano del sistema, pintores callejeros, cómicos ambulantes, músicos en las estaciones, ese es el sistema diciéndote, "si puedes conmigo, lucha por tus sueños", pero la verdad es que solo es una preparación para terminar vendiendo pulseras y morir con las botas puestas, en los principios de las razones muertas.
No lo conozco, pero conozco a otros que usted no conoce, usted me saluda a ese y yo le saludaré a los otros.

Buena memoria, buen paso de calle, saludos.
 
Los atrapados del sistema, alguna vez creyeron que podían hacerlo desde afuera, y no se percataron que jamás pudieron salir, porque cualquier tipo de antiprogreso, es la mano del sistema, pintores callejeros, cómicos ambulantes, músicos en las estaciones, ese es el sistema diciéndote, "si puedes conmigo, lucha por tus sueños", pero la verdad es que solo es una preparación para terminar vendiendo pulseras y morir con las botas puestas, en los principios de las razones muertas.
No lo conozco, pero conozco a otros que usted no conoce, usted me saluda a ese y yo le saludaré a los otros.

Buena memoria, buen paso de calle, saludos.

Gracias por su amable y reflexivo comentario. Si puedo con gusto se lo saludaré. Un abrazo.
 
Todos los miércoles lo veo llegar. Yo diría que si John Lennon estuviera vivo y fuera pobre, se vería como él. Playera estilo hippie, naranja, con el símbolo de amor y paz difuminado en el frente. Cabellos largos, canosos, acomodados al capricho del viento –o tal vez sea que el cepillo huyó de su casa-. Pantalones de mezclilla que seguro un día fueron naranja y ahora son como salmón deslavado, tenis viejos y mugrosos. Llega en su vieja Caribe roja cuya pintura ya no sabe lo que es brillar. Después de estacionar su auto baja su carrito en el que lleva las tablas y varillas para armar su puesto en el tianguis.

Vende pulseras, aretes, collares, todos con cuentas de madera y nudos tipo macramé, con lazos de piel. ¿Qué podría vender si no?

No sé por qué me llama tanto la atención este vendedor de pulseras, esta figura literaria. Será que me intriga su persona. Será que me lo imagino solo al llegar a casa cada noche, a abrir una cerveza y tirarse frente a la tele, y de vez en vez echarse un carrujo de mota. Será que parece que el tiempo se estacionó en él, será que es una triste figura de otra época.

No lo conozco, y en él reconozco la huella de la vida, del sufrir, del gozar, del llorar. Y una cierta sensación de hastío.

Ciertamente, cuando un día ya no lo vea llegar será raro, y si después de varias semanas ya no llega, será cuestionante… ¿O descansado? No para mí, para él, pues yo sigo en la friega, deseosa de no ser nunca una figura de la soledad intrigante.

Querida María:

Los ojos de tu sensibilidad supieron llegar hasta la esencia bohemia de ese personaje, clon de tantos otros similares repartidos por el mundo; dignos artesanos de la nataruleza, resistiendo con sus sueños los mandatos del mercado imperante. ¡Un gusto leer tu relato!
 
Última edición:
Querida María:

Los ojos de tu sensibilidad supieron llegar hasta la esencia bohemia de ese personaje, clon de tantos otros similares repartidos por el mundo; dignos artesanos de la nataruleza, resistiendo con sus sueños los mandatos del mercado imperante. ¡Un gusto leer tu relato!

Muchas gracias querido amigo poeta. Es tan grato recibir tu comentario. Agradezco tu presencia en mi trabajo. Besos.
 
María... Me sigues convenciendo de volver por este foro donde la verdad consigo retornar a tierra luego de volar con las alas de los versos y vaya el relato que nos permites... Inicias con "buen humor", la primera parte me causo mucha gracia por la descripción de los cabellos de este "entrañable personaje" cual "John Lennon pobre", luego lo relatas como un hombre despreocupado pero con una rutina diaria, que no descansa o lo hace a su manera... Pienso que el final es corolario reflexivo de la historia, pues de verdad cuan fuerte se hace la huella de la vida en las personas, cuan fuerte se reafirma el dolor en la bohemia (que a veces ríe) o en la despreocupación (que si vive pendiente)... Una intriga que deja puertas abiertas y miradas atentas a estos testigos fieles del paso con donaire de los años. Un fuerte abrazo mi querida amiga, tarde pero llego a tu señorial casa de letras.
 
Todos los miércoles lo veo llegar. Yo diría que si John Lennon estuviera vivo y fuera pobre, se vería como él. Playera estilo hippie, naranja, con el símbolo de amor y paz difuminado en el frente. Cabellos largos, canosos, acomodados al capricho del viento –o tal vez sea que el cepillo huyó de su casa-. Pantalones de mezclilla que seguro un día fueron naranja y ahora son como salmón deslavado, tenis viejos y mugrosos. Llega en su vieja Caribe roja cuya pintura ya no sabe lo que es brillar. Después de estacionar su auto baja su carrito en el que lleva las tablas y varillas para armar su puesto en el tianguis.

Vende pulseras, aretes, collares, todos con cuentas de madera y nudos tipo macramé, con lazos de piel. ¿Qué podría vender si no?

No sé por qué me llama tanto la atención este vendedor de pulseras, esta figura literaria. Será que me intriga su persona. Será que me lo imagino solo al llegar a casa cada noche, a abrir una cerveza y tirarse frente a la tele, y de vez en vez echarse un carrujo de mota. Será que parece que el tiempo se estacionó en él, será que es una triste figura de otra época.

No lo conozco, y en él reconozco la huella de la vida, del sufrir, del gozar, del llorar. Y una cierta sensación de hastío.

Ciertamente, cuando un día ya no lo vea llegar será raro, y si después de varias semanas ya no llega, será cuestionante… ¿O descansado? No para mí, para él, pues yo sigo en la friega, deseosa de no ser nunca una figura de la soledad intrigante.
Bello comentario que me recuerda mucho, a un poeta, que ha tenido un entierro de gran lujo:
Pagado por suscripción popular.
Vivía debajo de un puente con su perro.
Regalaba poesías.

Reportaje ilustrado, a toda plana en ABC.

Su puente, aposento, lo veía yo desde mi terraza.

María de Rentería: gracias por tu apoyo .

Con todo mi cariño y admiración

Alfonso Espinosa
 
Bello comentario que me recuerda mucho, a un poeta, que ha tenido un entierro de gran lujo:
Pagado por suscripción popular.
Vivía debajo de un puente con su perro.
Regalaba poesías.

Reportaje ilustrado, a toda plana en ABC.

Su puente, aposento, lo veía yo desde mi terraza.

María de Rentería: gracias por tu apoyo .

Con todo mi cariño y admiración

Alfonso Espinosa

Muchas gracias Alfonso, por dejar este comentario que me hace ver que figuras parecidas podemos encontrar en nuestras sociedades, no obstante la lejanía. Somos más iguales que diferentes, en esta aldea global. Recibe mi cariño y agradecimiento.
 
María... Me sigues convenciendo de volver por este foro donde la verdad consigo retornar a tierra luego de volar con las alas de los versos y vaya el relato que nos permites... Inicias con "buen humor", la primera parte me causo mucha gracia por la descripción de los cabellos de este "entrañable personaje" cual "John Lennon pobre", luego lo relatas como un hombre despreocupado pero con una rutina diaria, que no descansa o lo hace a su manera... Pienso que el final es corolario reflexivo de la historia, pues de verdad cuan fuerte se hace la huella de la vida en las personas, cuan fuerte se reafirma el dolor en la bohemia (que a veces ríe) o en la despreocupación (que si vive pendiente)... Una intriga que deja puertas abiertas y miradas atentas a estos testigos fieles del paso con donaire de los años. Un fuerte abrazo mi querida amiga, tarde pero llego a tu señorial casa de letras.

Y yo muy tarde te contesto, mi querido Luis, pero aquí estoy, mi querido trovador y bohemio, entregándote mi agradecimiento a este bello comentario que ha meses me has dejado. Recibe mi cariño, y espero de vez en vez hacerte volver a este foro, que me gusta mucho. Un beso y un abrazo.
 
y qué sería de nuestro universo
sin esos sui géneris personajes
que de alguna forma nos roban
la mirada y algún que otro
raro sentimiento sobre todo
cuando ya no están en sus puestos
hay cosas inexplicables
al menos para mí y esa es una
las rarezas de este mundo...

con todo respeto

ligiA

Muchas gracias por esta visita y ciertísimo comentario que me dejas Ligia. Pura verdad en él... ¿qué sería nuestra vida sin ellos? Besos y bendiciones.
 
Todos los miércoles lo veo llegar. Yo diría que si John Lennon estuviera vivo y fuera pobre, se vería como él. Playera estilo hippie, naranja, con el símbolo de amor y paz difuminado en el frente. Cabellos largos, canosos, acomodados al capricho del viento –o tal vez sea que el cepillo huyó de su casa-. Pantalones de mezclilla que seguro un día fueron naranja y ahora son como salmón deslavado, tenis viejos y mugrosos. Llega en su vieja Caribe roja cuya pintura ya no sabe lo que es brillar. Después de estacionar su auto baja su carrito en el que lleva las tablas y varillas para armar su puesto en el tianguis.

Vende pulseras, aretes, collares, todos con cuentas de madera y nudos tipo macramé, con lazos de piel. ¿Qué podría vender si no?

No sé por qué me llama tanto la atención este vendedor de pulseras, esta figura literaria. Será que me intriga su persona. Será que me lo imagino solo al llegar a casa cada noche, a abrir una cerveza y tirarse frente a la tele, y de vez en vez echarse un carrujo de mota. Será que parece que el tiempo se estacionó en él, será que es una triste figura de otra época.

No lo conozco, y en él reconozco la huella de la vida, del sufrir, del gozar, del llorar. Y una cierta sensación de hastío.

Ciertamente, cuando un día ya no lo vea llegar será raro, y si después de varias semanas ya no llega, será cuestionante… ¿O descansado? No para mí, para él, pues yo sigo en la friega, deseosa de no ser nunca una figura de la soledad intrigante.


Buena prosa , querida María. Escribes muy bien.
Una historia, que cuenta un hecho cotidiano sobre un personaje real.
A saber la historia de ese Hippie, seguro que daba para una novela completa.
Un abrazo María.
 
Buena prosa , querida María. Escribes muy bien.
Una historia, que cuenta un hecho cotidiano sobre un personaje real.
A saber la historia de ese Hippie, seguro que daba para una novela completa.
Un abrazo María.

Gracias mi querido Luis, por pasearte por este pequeño texto que escribí. Y gracias por la generosidad de tu comentario. Espero haber transmitido todo lo que de momento vi en ese personaje peculiar. Recibe mi cariño en un gran abrazo y muchos besitos.
 
Muy linda prosa María. Es muy grato leerte, me haces ver con más detalles las cosas triviales, lo que las personas estamos acostumbrados a observar rutinariamente. Pero tú, al expresarlo, lo haces ser sublime sí, este simple acto repetitivo se convierte en una hermosa prosa. Me ha dado mucho que pensar.

Mis mas cordiales saludos.
Felicitaciones.
 

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