adolfo vilatte l.
Poeta recién llegado
En las horas aciagas de amargura,
cuando el alma de frío se estremece,
cuando la duda al corazón tortura
y que la sombra de lo incierto crece;
en esa hora solemne de dolor,
frente a la negra tempestad rugiente,
es cuando el hombre debe ser valiente
y su temple probar de luchador.
No tan sólo es valiente ese guerrero
que se cubre de gloria en la batalla,
o aquel que corre, por llegar primero,
donde la lucha con fragor estalla;
ni el marcial y atrevido gladiador
que con la lanza en ristre y brazo fuerte,
va feliz al encuentro de la muerte
por un beso, tal vez por una flor.
Es valiente también el alma noble
que en las calladas luchas de la vida,
suele quedar enhiesta como el roble
y no cede a pesar de estar herida.
Es valiente sin duda el luchador
que suele usar por arma la paciencia,
y que guardando limpia su conciencia
se impone a los ataques del dolor.
Merece serlo aquel, que altivo y culto,
y sin bajar las gradas de lo digno,
sabe anular un incorrecto insulto,
y despreciar el proceder indigno.
Hay más grandeza en ese luchador,
que adapta su altivez a su conciencia,
que en la audaz y agresiva prepotencia,
de que hace alarde el fiero gladiador.
Para el que lleva el alma de diamante
no le importa la escoria del sendero,
no desvía su ruta un solo instante,
y no pierde jamás su derrotero.
Es más digno vencer un gran dolor
en el silencio del deber cumplido,
que mostrarse agresivo y dolorido,
ante el necio que ofende nuestro honor.
ADOLFO VILATTE L. (PUB. POR A.O.M.)
cuando el alma de frío se estremece,
cuando la duda al corazón tortura
y que la sombra de lo incierto crece;
en esa hora solemne de dolor,
frente a la negra tempestad rugiente,
es cuando el hombre debe ser valiente
y su temple probar de luchador.
No tan sólo es valiente ese guerrero
que se cubre de gloria en la batalla,
o aquel que corre, por llegar primero,
donde la lucha con fragor estalla;
ni el marcial y atrevido gladiador
que con la lanza en ristre y brazo fuerte,
va feliz al encuentro de la muerte
por un beso, tal vez por una flor.
Es valiente también el alma noble
que en las calladas luchas de la vida,
suele quedar enhiesta como el roble
y no cede a pesar de estar herida.
Es valiente sin duda el luchador
que suele usar por arma la paciencia,
y que guardando limpia su conciencia
se impone a los ataques del dolor.
Merece serlo aquel, que altivo y culto,
y sin bajar las gradas de lo digno,
sabe anular un incorrecto insulto,
y despreciar el proceder indigno.
Hay más grandeza en ese luchador,
que adapta su altivez a su conciencia,
que en la audaz y agresiva prepotencia,
de que hace alarde el fiero gladiador.
Para el que lleva el alma de diamante
no le importa la escoria del sendero,
no desvía su ruta un solo instante,
y no pierde jamás su derrotero.
Es más digno vencer un gran dolor
en el silencio del deber cumplido,
que mostrarse agresivo y dolorido,
ante el necio que ofende nuestro honor.
ADOLFO VILATTE L. (PUB. POR A.O.M.)