Katia N. Barillas
Radio Cultural-Literario*Escritor*Poeta*Declamador
¡Suenan las campanas!,
estruendoso eco invade la iglesia
hay dos monaguillos que suben y bajan
halando sus cuerdas una y otra vez...
péndulos que rozan en pequeña hazaña,
ímpetu que arrasa y las hace vibrar.
Ellas hoy anuncian con lloro y tristeza
el viaje crucial de un alma que parte;
buscando con ansias alcanzar el cielo,
llegar al origen, sus culpas expiar.
Familias y amigos, se acercan, se abrazan...
de dolor y llanto, gritan con lamento;
y en el altar, las sutiles llamas de las veladoras
desmayan y mueren.
Blanca vestimenta está luciendo el cura,
saluda a los fieles, dá sus condolencias
e inicia la misa para despedir
a aquel que en la vida sólo fue sufrir.
Asombrado espíritu que no era inmortal
se embriagó de incienso en la ceremonia
y solo en el púlpito con serenidad
pudo presenciar el rito total.
Sentado a la par de seres queridos
que amó sin cesar,
trataba de hablar, de hacerse notar
ahora era viento, ya no carne más.
Flotaba sin rumbo junto al ataúd
trató de integrar su materia otra vez
volvía sus ojos, trémulo de angustia
se veía inerte postrado ahí dentro
ya hecho cadáver, sin soplo de vida,
sin nada en el tiempo.
Aun muy confuso con la realidad
tocó cada ramo de Lilas, Corozos,
con los que hablaba, reía y lloraba.
Y dado el momento final y crucial
viajó con la luz, en rayos de sol;
llegó hasta la bóveda, morada final
leyó ahí en la lápida su nombre total...
la estrella grabada indicando la fecha
que lo vió nacer;
la cruz endeleble anotando el momento
cuando feneció la luz en sus ojos;
¡ah!, y el dulce epitafio que ella grababa
con amor, cariño, tanto sentimiento.
Costó que se echara de nuevo a volar
tomó aquel camino por el horizonte
llegó hasta su casa, se sentó en la cama
besó dulcemente a su esposa dormida.
Se fue a cada alcoba, rozó la mejilla
de lo más sagrado, de grande valía
que tuvo en la vida,
parte integral de su cuerpo yerto,
ahora dormido.
Observó el espejo que estaba en la sala
no vió su reflejo...
el shock de enfrentarse en definitiva
con la misma muerte,
no le permitió pensar, ni ver más allá.
Como un rayo viaja, muy rapidamente
atraviesa el puente que lleva al jardín
el cielo se abre y de él se desprende
una luz brillante que hacia él bajaba;
vaciló un momento, luego dijo adiós,
se fue con la luz que lo absorbió,
ahora comprende, por fin lo aceptó.
Rosas, Magnolias, Lirios, Azucenas
dan la bienvenida en aquel lugar;
Henos olorosos, perfuman y abrazan
sonriendo tangibles a la Flor de Naranjo,
en donde con pena sueñan Amapolas,
se vencen errores con las penitencias
agobia al espíritu aquella alma en pena
ya todas sus deudas fueron canceladas.
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