Jeronimovillan
Poeta recién llegado
Viajase yo,
en los más traseros
asientos de la vida.
Recorriendo en lentos pasos,
las montañas forjadas por
la cólera de los años.
De repente, esplendida vista
reflejasen mis ojos.
Planeaban las aves
sobre trigales que se fundían
en el alba de los recuerdos.
¡Aves majestuosas!
desprendiendo brillos de sus alas
y rociando felicidad en la mañana.
Los trigales trenzaban aromas
simples, pero cálidos,
para tratarse de una mañana de invierno.
Recorriendo así,
las montañas forjadas por
la cólera de los años,
vislumbré esplendido fenómeno
digno de los dioses perfectos.
El majestuoso arcoíris abrazaba
las montañas en todo su esplendor.
Embelesando así,
un perfecto regreso a casa.
Los señoriales colores,
sin pretensión alguna,
dilucidaban los pretextos más hermosos
para amar la primitiva naturaleza humana.
Y estrechando el aroma
de las hierbas engalanando la carretera,
viviese el trance más bello,
además de sublime,
en la parte trasera de los asientos de la vida.
en los más traseros
asientos de la vida.
Recorriendo en lentos pasos,
las montañas forjadas por
la cólera de los años.
De repente, esplendida vista
reflejasen mis ojos.
Planeaban las aves
sobre trigales que se fundían
en el alba de los recuerdos.
¡Aves majestuosas!
desprendiendo brillos de sus alas
y rociando felicidad en la mañana.
Los trigales trenzaban aromas
simples, pero cálidos,
para tratarse de una mañana de invierno.
Recorriendo así,
las montañas forjadas por
la cólera de los años,
vislumbré esplendido fenómeno
digno de los dioses perfectos.
El majestuoso arcoíris abrazaba
las montañas en todo su esplendor.
Embelesando así,
un perfecto regreso a casa.
Los señoriales colores,
sin pretensión alguna,
dilucidaban los pretextos más hermosos
para amar la primitiva naturaleza humana.
Y estrechando el aroma
de las hierbas engalanando la carretera,
viviese el trance más bello,
además de sublime,
en la parte trasera de los asientos de la vida.
Jerónimo Villa