I
La tarde se desnuda demasiado,
y la noche suspira con un ojo.
Avanza el viejo ciego y tambien cojo,
por las calles de abril, regocijado.
Se le vino de golpe todo el sueno,
volcando la cigarra voladora
y enturbiando la rama trepadora,
como si fuera solo un pobre leno.
Al cementerio van en procesion,
a revolver los huesos con la tierra
para alegrar con flores el panteon.
Suavemente la luna desentierra,
los rugidos potentes del leon,
y los clava en la sombra de la sierra.
II
Rozaban los fetiches de un rosario
inventado, las manos temblorosas,
arrugadas y viejas, espantadas
por tiempos sumergidos en viento.
Ya los ojos muriendo, ya la boca
sedienta, dirigiendo al cementerio
el alma de la viuda, dibujada
en el cuerpo cansado y moribundo.
Quebrados y esparcidos los rumores
terrestres, escrutinian lo divino,
el misterio sagrado de la muerte,
donde rompen las luces pegadas a la sombra,
y se adhieren orando con las voces del alma
al unico refugio cargado de esperanza.
german g