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El viraje

stidiek

Poeta recién llegado
(durante un tiempo este poema ha estado truncado por un error en la edición)
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El viraje comienza
cuando mis párpados
van despertando a las piedras
que se dejan pisar
suavemente.

Veo pasar…
árboles
que van buscando,
perezosamente,
mi espalda.

Las nubes siguen
nadando
con sus formas
de elefantes
y aviones.

Las huellas de la tierra
se quedan marcadas
en mis pies
desnudos.

Hace frío.

El frío acaricia mis huesos
sin tocar mi piel.

El sol suele ser un ser tímido
en invierno.

Yo dejo escapar
hacia el cielo
las ideas fugaces
que se me desprenden
de llamas negras
firmemente
arraigadas
en mi pelo.

Estas llamas tiritan,
están temblando.

Fuego negro.

Calma cándida.
Calma de cántaro.


Mi cabecita loca arde
en jirones de nubes
con forma de elefantes
dormidos.

Algunos aviones baten sus alas
y desfilan en vuelo rasante
formando sombras chinescas
junto al sol naranja
que atardece errante
en lo más alto del cielo.

Lo miro de reojo
y el sol tímido se sonroja.
Se está escapando, huye,
se desvanece automáticamente
como la luz
de un televisor redondo
que se empequeñece
formando un punto y seguido
en una obra literaria:

'El diario del firmamento'.

Cierro los ojos
y camino cien pasos a ciegas.

Otros cien pasos flotando.

Cien pasos más de un solo salto.

El viraje.

El dulce viaje
que tanto amargaba ayer.

Una lágrima cae
desde un lugar indeterminado
y mi sonrisa diseña
un puente invertido.

Me iluminan los faros
de un coche amigable
que ofrece su voz,
su radio,
su conversación pausada.






Me siento junto a él.

Los dos sentados
bajo la luz
de una estrella
de luz tenue
que tirita en el interior
de una farola famélica,
alta, delgada, estilizada
que devora silenciosamente
los brotes más altos
de la oscuridad.

Me miran los faros
chispeantes
de mi coche amigo
que se retuerce de risa.

Puedo ver,
a través de él,
un terrón de azúcar
en el horizonte.

Y le digo:
No dejes que aprisionen
tu volante invisible
las manos envilecidas
de esos hombres
que gritan por la bocina.

Que no te muerdan el volante
esas boca que engullen
los silencios
de las canciones
cantadas
por los niños sin parque;

Los que juegan
en mitad de la carretera.

Porque creo
que todos los pequeños
persiguen
una única pelota:

Exigen respeto
para sus pequeños pies
que queman el asfalto
provocando pequeñas nubes
de humo algodonado.

Ningún coche debe tener
más prisa que ellos,
porque ellos persiguen el futuro.

Un hombre…
sólo será hombre
entre los faros
de uno de nuestros queridos coches
de conciencia transparente.

Soñando,
que es otro combustible
el que mueve los coches.

Un combustible vívido,
de fósil urgencia de amar.

Válido
para el mecanismo del hombre
y eficaz
en el corazón de la máquina.

En mi viraje,
en mi viaje,
en mi sueño,
los coches se saludan al pasar
como dos ancianos que…
lo justo alzan
la cabeza
y dicen algo incoherente
y ancestral.


Como dos desconocidos cualquiera
que se estrechan
por primera vez la mano
y se dejan allí escrito
un tacto
indeleble.

Los desconocidos
creen
que no se volverán a ver.
Los ancianos
saben
que van a volver a verse mañana,
si hace sol.

Yo sigo con mis virajes.

Cada uno aborda el viaje
a su manera.

Uno tras otro.

Todos.
Viajando hacia el mismo sitio.

2.jpg


Imágenes Antoine Josse & Jacek Yerka, música Stidiek
 
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El viraje comienza
cuando mis párpados
van despertando a las piedras
que se dejan pisar
suavemente.​

Veo pasar… árboles
que van buscando,
perezosamente,
mi espalda.

Las nubes siguen
nadando
con sus formas
de elefantes
y aviones.

Las huellas de la tierra
se quedan marcadas
en mis pies
desnudos.

Hace frío.

El frío acaricia mis huesos
sin tocar mi piel.
El sol suele ser un ser tímido
en invierno.

Yo dejo escapar
hacia el cielo
las ideas fugaces
que se me desprenden
de las llamas negras
que tiemblan,
firmemente
arraigadas
en mi pelo.

Fuego negro.
Calma cándida.
Calma de cántaro.

Mi cabecita loca arde
en jirones
de nubes con forma
de elefantes dormidos.

Algunos aviones baten sus alas
y desfilan en vuelo rasante,
formando sombras chinescas
junto al sol naranja
que atardece errante
en lo más alto del cielo.

Lo miro de reojo
y el sol tímido se sonroja,
se está escapando, huye,
se desvanece
automáticamente,
como la luz de un televisor redondo
que se empequeñece
formando un punto y seguido
en una obra literaria:
'El diario del firmamento'.

Cierro los ojos
y camino cien pasos a ciegas.

Otros cien pasos flotando.

Cien pasos más de un solo salto.

El viraje.

El dulce viaje
que tanto amargaba ayer.

Una lágrima cae
desde un lugar indeterminado
y mi sonrisa diseña
un puente invertido.

Me iluminan los faros
de un coche amigable
que ofrece su voz, su radio
su conversación pausada.

Me siento junto a él.
Los dos sentados bajo la luz
de una estrella…
de luz tenue
que tirita en el interior
de una estilizada
farola famélica;
que devora silenciosamente
la oscuridad.


Me miran los faros
chispeantes
del coche amigo
que se retuerce de risa.

Puedo ver a través de él
un terrón de azúcar
en el horizonte.

No dejes que aprisionen
tu volante invisible
las manos envilecidas,
el hombre de fácil calumnia;

Que no te muerda el volante
la boca que engulle
los silencios de las canciones
cantadas por los niños sin parque;

Los que jugan en mitad de la carretera.

Todos los pequeños
persiguen una única pelota:

Exigen respeto
para sus pequeños pies
que queman el asfalto
provocando pequeñas nubes
de humo algodonado.

Ningún coche debe tener
más prisa que ellos,
porque ellos persiguen el futuro.

Un hombre…
sólo será hombre entre los faros
de nuestro querido coche
de conciencia transparente.

Soñando, que es otro combustible
el que mueve los coches.

Un combustible vívido,
de fósil urgencia de amar.

Válido para el mecanismo del hombre
y eficaz en el corazón de la máquina.

En mi viraje,
en mi viaje,
en mi… sueño,
los coches se saludan al pasar
como dos ancianos
que…
lo justo alzan
la cabeza
y dicen algo incoherente
y ancestral.

Como dos desconocidos cualquiera
que se estrechan
por primera vez la mano
y se dejan allí escrito
un tacto
indeleble.

Los desconocidos
creen que no se volverán a ver.
Los ancianos saben
que van a volver a verse mañana,
si hace sol.

Yo sigo con mis virajes.
Cada uno aborda el viaje
a su manera.

Uno tras otro.
Todos.

Viajando hacia el mismo sitio.

2.jpg




Imágenes Antoine Josse & Jacek Yerka, música Stidiek

Hermosas imagenes las que logras escrito de mucha inspiracion vaya manera de hacerlo me ha gustado como te expresaste viaje con tu poesia a otro lugar encantado de leerte saludos.
 
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El viraje comienza
cuando mis párpados
van despertando a las piedras
que se dejan pisar
suavemente.

Veo pasar…
árboles
que van buscando,
perezosamente,
mi espalda.

Las nubes siguen
nadando
con sus formas
de elefantes
y aviones.

Las huellas de la tierra
se quedan marcadas
en mis pies
desnudos.

Hace frío.

El frío acaricia mis huesos
sin tocar mi piel.

El sol suele ser un ser tímido
en invierno.

Yo dejo escapar
hacia el cielo
las ideas fugaces
que se me desprenden
de llamas negras
firmemente
arraigadas
en mi pelo.

Estas llamas tiritan,
están temblando.

Fuego negro.

Calma cándida.
Calma de cántaro.

Mi cabecita loca arde
en jirones de nubes
con forma de elefantes
dormidos.

Algunos aviones baten sus alas
y desfilan en vuelo rasante.

Formando sombras chinescas
junto al sol naranja
que atardece errante
en lo más alto del cielo.

Lo miro de reojo
y el sol tímido se sonroja.
Se está escapando, huye,
se desvanece automáticamente.

Como la luz
de un televisor redondo
que se empequeñece
formando un punto y seguido
en una obra literaria:

'El diario del firmamento'.

Cierro los ojos
y camino cien pasos a ciegas.

Otros cien pasos flotando.

Cien pasos más de un solo salto.

El viraje.

El dulce viaje
que tanto amargaba ayer.

Una lágrima cae
desde un lugar indeterminado
y mi sonrisa diseña
un puente invertido.

Me iluminan los faros
de un coche amigable
que ofrece su voz,
su radio,
su conversación pausada.

Me siento junto a él.

Los dos sentados
bajo la luz
de una estrella
de luz tenue
que tirita en el interior
de una estilizada
farola famélica,
que devora silenciosamente
los brotes más altos
de la oscuridad.

Me miran los faros
chispeantes
del coche amigo
que se retuerce de risa.

Puedo ver,
a través de él,
un terrón de azúcar
en el horizonte.

No dejes que aprisionen
tu volante invisible
las manos envilecidas
del hombre de fácil calumnia.

Que no te muerda el volante
la boca que engulle
los silencios
de las canciones
cantadas
por los niños sin parque;

Los que juegan
en mitad de la carretera.

Todos los pequeños
persiguen una única pelota:

Exigen respeto
para sus pequeños pies
que queman el asfalto
provocando pequeñas nubes
de humo algodonado.

Ningún coche debe tener
más prisa que ellos,
porque ellos
persiguen el futuro.

Un hombre…
sólo será hombre
entre los faros
de nuestro querido coche
de conciencia transparente.

Soñando,
que es otro combustible
el que mueve los coches.

Un combustible vívido,
de fósil urgencia de amar.

Válido
para el mecanismo del hombre
y eficaz
en el corazón de la máquina.

En mi viraje,
en mi viaje,
en mi sueño,
los coches se saludan al pasar
como dos ancianos
que…
lo justo alzan
la cabeza
y dicen algo incoherente
y ancestral.

Como dos desconocidos cualquiera
que se estrechan
por primera vez la mano
y se dejan allí escrito
un tacto
indeleble.

Los desconocidos
creen
que no se volverán a ver.
Los ancianos
saben
que van a volver a verse mañana,
si hace sol.

Yo sigo con mis virajes.

Cada uno aborda el viaje
a su manera.

Uno tras otro.

Todos.

Viajando hacia el mismo sitio.

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[musica]http://freedownloads.last.fm/download/154039445/Shortfeelms.mp3[/musica]

Imágenes Antoine Josse & Jacek Yerka, música Stidiek


Felicitaciones poeta,un saludo.Rosario
 
que bueno este poema, con buenas descripciones que hiilan a un maravilloso final.

Me gusto pasar por aqui...


ahhhh y felicitaciones por el reconocimiento

Saludos
 
Que precioso... ¡que precioso! no me sorprende que sea recomendado. A esta clase de vuelos mágicos son los que yo llamo verdaderos desvaríos, salir de lo comúnmente anunciado o ya conocido, fuera de su contenido altamente denunciante, como un llamado. Hermoso viaje el que me diste. Deja mucho que profundizar dentro de uno mismo.
Poema digno de su merecimiento. Un placer.
Saludo :)
 
Gracias a ti Diana, por tu mensaje... y me alegro de estar contribuyendo a cambiar un poquito algunas ideas con mi poesía. Me encantaría que se polemizase un poco más en los comentarios... yo intentaré escribir para lograr reacciones más allá del mero reconocimiento de la labor de escribir.
 
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