Enlil
Poeta recién llegado
A donde siempre me empuja
un desgastado recuerdo,
me dejo llevar volando
por él todo el tiempo,
entre los sueños que
una vez vos me hurtaste,
dando vueltas a una herida
como las daría un cuervo,
me mantengo desperado,
me tachan de no estar cuerdo,
con las alas ya agotadas
siguiendo con este vuelo,
y como buen ave carroñera
de tu trato más no obtengo
que migajas que se tiran,
de un banquete espléndido.
A donde pudieron alcanzarte
mis manos temblorosas,
en el lecho en que sembramos
bellos jazmines y rosas,
eran hijas de semillas acuosas,
esas tan preciadas flores
nacidas de tus besos, de tu alma,
de tus roces y sudores,
acudo cada noche, cada día,
cada instante de mi vida,
amarrado a sentimientos,
sin soltarlos ni un momento,
los revivo y los recuerdo,
los extraño con portento,
dando vueltas como un cuervo,
sin cerrar nunca la herida...
A donde me llevó la carroña
acudí ya ennegrecido,
llámele sra., si quiere doña
pero necia es su apellido…
un desgastado recuerdo,
me dejo llevar volando
por él todo el tiempo,
entre los sueños que
una vez vos me hurtaste,
dando vueltas a una herida
como las daría un cuervo,
me mantengo desperado,
me tachan de no estar cuerdo,
con las alas ya agotadas
siguiendo con este vuelo,
y como buen ave carroñera
de tu trato más no obtengo
que migajas que se tiran,
de un banquete espléndido.
A donde pudieron alcanzarte
mis manos temblorosas,
en el lecho en que sembramos
bellos jazmines y rosas,
eran hijas de semillas acuosas,
esas tan preciadas flores
nacidas de tus besos, de tu alma,
de tus roces y sudores,
acudo cada noche, cada día,
cada instante de mi vida,
amarrado a sentimientos,
sin soltarlos ni un momento,
los revivo y los recuerdo,
los extraño con portento,
dando vueltas como un cuervo,
sin cerrar nunca la herida...
A donde me llevó la carroña
acudí ya ennegrecido,
llámele sra., si quiere doña
pero necia es su apellido…
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