Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
El yo sumiso
El yo sumiso no sabe
a cuál parte de su ser
le pesa más subir la cima
del saber; quizá les cuesta
Igual a todas, si falta
sintonia en el ascenso.
Es penosa la carga
de los egos
cuando se quiere llegar
al ideal edén,
donde se es feliz
sin artificios.
El yo sumiso acepta
la rigidez
de lo que no puede
cambiar,
el ordeno y mando
no es cuestionable,
aunque los extravíos
idioticen y hagan
del dócil obediente,
borrego de la avaricia
de los amos.
Ver lateralidades libertarias
en la realidad
que lo somete es para el yo
sumiso algo inaudito,
traición al dueño del único
destino que conoce,
afrenta al status intocable
con medios llenos
de acertijos distractores
enlatados en retorcidos
anagramas; como si el ser
libre, sea un simple juego
de palabras.
El yo sumiso no sabe
a cuál parte de su ser
le pesa más subir la cima
del saber; quizá les cuesta
Igual a todas, si falta
sintonia en el ascenso.
Es penosa la carga
de los egos
cuando se quiere llegar
al ideal edén,
donde se es feliz
sin artificios.
El yo sumiso acepta
la rigidez
de lo que no puede
cambiar,
el ordeno y mando
no es cuestionable,
aunque los extravíos
idioticen y hagan
del dócil obediente,
borrego de la avaricia
de los amos.
Ver lateralidades libertarias
en la realidad
que lo somete es para el yo
sumiso algo inaudito,
traición al dueño del único
destino que conoce,
afrenta al status intocable
con medios llenos
de acertijos distractores
enlatados en retorcidos
anagramas; como si el ser
libre, sea un simple juego
de palabras.
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