Álex Hernández
Poeta recién llegado
Anoche grite cuánto te quería,
y en la mitad del grito,
me di cuenta,
que mi lengua se había
atorado con un par
mayas y encajes.
Te pido disculpas,
amor,
pero también me di cuenta
que había dejado de fumarme
el hachís que producía el pulso
electromagnético de tu sexo.
Y mientras trataba de gritar,
deseaba que fueras tú hurgando
en mi herida.
Y mientras descubría un olor nuevo,
un aroma a durazno que me recordaba
al mar, me di cuenta que había
dejado de quererte.
Sabía que era hora de aprender a llorar
y llenarse de mierda.
Que no habría marcha atrás.
Que tenía que dejarte ir.
Que tú no me enseñaste a llorar
lo mordido.
Que lo único que quería,
era llenarte los parpados de flores,
y quererte sin que hiciera falta.
Pero anoche traté de gritar cuánto te quería.
Y no vomite nada.
— Álex Hernández. Electromagnetismo
y en la mitad del grito,
me di cuenta,
que mi lengua se había
atorado con un par
mayas y encajes.
Te pido disculpas,
amor,
pero también me di cuenta
que había dejado de fumarme
el hachís que producía el pulso
electromagnético de tu sexo.
Y mientras trataba de gritar,
deseaba que fueras tú hurgando
en mi herida.
Y mientras descubría un olor nuevo,
un aroma a durazno que me recordaba
al mar, me di cuenta que había
dejado de quererte.
Sabía que era hora de aprender a llorar
y llenarse de mierda.
Que no habría marcha atrás.
Que tenía que dejarte ir.
Que tú no me enseñaste a llorar
lo mordido.
Que lo único que quería,
era llenarte los parpados de flores,
y quererte sin que hiciera falta.
Pero anoche traté de gritar cuánto te quería.
Y no vomite nada.
— Álex Hernández. Electromagnetismo