Hoy visité tu morada.
Sí, esa de compra reciente,
la del vecino silente.
La de piedra y sin entrada.
Hoy se me antojó hablarte
de mis penas y temores,
de mis aciertos y errores.
De lo inútil de esperarte.
Y no me dejaste por cierto,
que sólo los muertos entran
y en tu ciudad no se encuentran
los muertos que aún no han muerto.
¡OH! Compañera del alma,
a tu puerta vengo a verte
mendigándole a la muerte
compartir morada en calma.
Amiga que en tu partida
me rompiste en dos el pecho,
dame un cobijo en tu lecho
que ya me sobra la vida.
Sí, esa de compra reciente,
la del vecino silente.
La de piedra y sin entrada.
Hoy se me antojó hablarte
de mis penas y temores,
de mis aciertos y errores.
De lo inútil de esperarte.
Y no me dejaste por cierto,
que sólo los muertos entran
y en tu ciudad no se encuentran
los muertos que aún no han muerto.
¡OH! Compañera del alma,
a tu puerta vengo a verte
mendigándole a la muerte
compartir morada en calma.
Amiga que en tu partida
me rompiste en dos el pecho,
dame un cobijo en tu lecho
que ya me sobra la vida.
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