ELEGÍA A LOS BALSEROS
Volverán acolchados en madera,
escasos de pasado y sin futuro
cortada de su vida la carrera.
El mar tan placentero se hizo muro,
anegando su brava valentía.
Huérfano de luna el cielo oscuro
se burló castigando su osadía,
carente de justicia, su cruel danza,
en vez de iluminar su travesía
desplegó su poder como venganza
salpicado de rayos y de trueno.
Castigo inmerecido a la esperanza,
ansiosa de encontrar otro terreno,
conociendo de empeños requeridos,
soñando con fortunas sin refreno.
Silenciados por penas sus quejidos,
desgastadas sus manos por la tierra
objetora de frutos y sentidos.
Temerosos esclavos de una guerra,
irredentos designios de condena,
ni la muerte traidora los aterra,
pues no lloran las nubes en su arena,
salpicada de rayos encendidos,
absorbiendo el sudor de su faena.
No llegaron ni siquiera a ser oídos
sin lograr alcanzar ser explotados,
pues la furia del mar no dejó heridos.
Es tan raudo el transporte, que acolchados
les devuelve de nuevo, sin honores,
a sufrir su castigo ya olvidados.
Con las tripas repletas de dolores,
aureolas de algas por corona
ataúdes anónimos sin flores,
que ni apena a la muerte ni perdona,
ni se opone al clamor de la injusticia,
forzando así rendir vuestra persona
al comercio del hombre y su avaricia.
Volverán acolchados en madera,
escasos de pasado y sin futuro
cortada de su vida la carrera.
El mar tan placentero se hizo muro,
anegando su brava valentía.
Huérfano de luna el cielo oscuro
se burló castigando su osadía,
carente de justicia, su cruel danza,
en vez de iluminar su travesía
desplegó su poder como venganza
salpicado de rayos y de trueno.
Castigo inmerecido a la esperanza,
ansiosa de encontrar otro terreno,
conociendo de empeños requeridos,
soñando con fortunas sin refreno.
Silenciados por penas sus quejidos,
desgastadas sus manos por la tierra
objetora de frutos y sentidos.
Temerosos esclavos de una guerra,
irredentos designios de condena,
ni la muerte traidora los aterra,
pues no lloran las nubes en su arena,
salpicada de rayos encendidos,
absorbiendo el sudor de su faena.
No llegaron ni siquiera a ser oídos
sin lograr alcanzar ser explotados,
pues la furia del mar no dejó heridos.
Es tan raudo el transporte, que acolchados
les devuelve de nuevo, sin honores,
a sufrir su castigo ya olvidados.
Con las tripas repletas de dolores,
aureolas de algas por corona
ataúdes anónimos sin flores,
que ni apena a la muerte ni perdona,
ni se opone al clamor de la injusticia,
forzando así rendir vuestra persona
al comercio del hombre y su avaricia.
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