Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Te has ido, maestro, pero cada ola de ese mar que tanto amabas, al romper, evocará el recuerdo de tu guitarra.
Hoy, veintiséis de febrero,
la lágrima de un arpegio,
negra, de duelo sincero,
invoca tu sortilegio.
Tu música reflejaba,
con excelsa maestría,
la esencia de la alcazaba,
el arte de Andalucía.
Entre dos mares, naciste,
su salitre, respiraste,
entre dos aguas, viviste,
y, a su orilla, nos dejaste.
Enmudeció tu guitarra,
entre aplausos de grandeza,
mi corazón se desgarra,
en acordes de tristeza.
El auditorio entregado
a tus picados de altura,
que tu leyenda han forjado,
hoy se viste de amargura.
Extrañaré tu figura
que, admirado, reverencio,
y, en tu genial partitura,
derramaré mi silencio.
Hoy, veintiséis de febrero,
la lágrima de un arpegio,
negra, de duelo sincero,
invoca tu sortilegio.
Tu música reflejaba,
con excelsa maestría,
la esencia de la alcazaba,
el arte de Andalucía.
Entre dos mares, naciste,
su salitre, respiraste,
entre dos aguas, viviste,
y, a su orilla, nos dejaste.
Enmudeció tu guitarra,
entre aplausos de grandeza,
mi corazón se desgarra,
en acordes de tristeza.
El auditorio entregado
a tus picados de altura,
que tu leyenda han forjado,
hoy se viste de amargura.
Extrañaré tu figura
que, admirado, reverencio,
y, en tu genial partitura,
derramaré mi silencio.
Cuando una ola acaricie
las arenas de la playa
me recordará tu efigie
y escucharé tu guitarra.
Y si las aguas se encrespan,
de ese mar que tanto amaste,
en su salvaje belleza
veré el duende de tu arte.
las arenas de la playa
me recordará tu efigie
y escucharé tu guitarra.
Y si las aguas se encrespan,
de ese mar que tanto amaste,
en su salvaje belleza
veré el duende de tu arte.
