brian.bolatti
Poeta recién llegado
Arrastrando mis pieles más oscuras que el negro mismo,
sobre pequeñas charcas en un movimiento de algoritmos
mientras el timbal de la noche sacude de manera inconmensurable
a los vientos comandados por la naturaleza de la sangre.
Aquel paraje de la perfección magnánima se hizo presente...
Con sus filamentos de naturaleza extendiéndose de forma perenne.
Mi lengua áspida recorrió, centímetros de mis comisuras con satisfacción
al divisar con ternura y honor a las criaturas de Dios.
Y cuando la huella de la serpiente sea trazada en el oleo arenisco,
como una obra de arte que el pintor esboza para encuadrarla en el olvido,
recordad al pasional de virtud, sabio y perfecto,
flechado por el ímpetu de los antiguos recuerdos.
Recuerdos enmarcados como señal de resentimiento,
tan prendidos a mi piel como un fuego directo del infierno;
Que no podré abandonar cada marca traída desde el edén sin fin;
Odio amado proveniente de los nueve coros de Serafín...
Las hojas cetrinas danzan en una sinfonía clara y limpia
mientras en risas desencadenadas ante el júbilo los seres rompían
el varón y la fémina de vaivén con los pies inquietos
yo serpenteé con la cálida esperanza traída del averno
Enredado cual cuerda al árbol prohibido del fruto pecaminoso,
mi voz suena tan cálida, rompiendo el umbral de paz en el jolgorio...
—No tengan miedo, no sientan pavor, ¿Por qué no comen del fruto los dos?
—Porque al mínimo mordisco serán mejor que Dios.
sobre pequeñas charcas en un movimiento de algoritmos
mientras el timbal de la noche sacude de manera inconmensurable
a los vientos comandados por la naturaleza de la sangre.
Aquel paraje de la perfección magnánima se hizo presente...
Con sus filamentos de naturaleza extendiéndose de forma perenne.
Mi lengua áspida recorrió, centímetros de mis comisuras con satisfacción
al divisar con ternura y honor a las criaturas de Dios.
Y cuando la huella de la serpiente sea trazada en el oleo arenisco,
como una obra de arte que el pintor esboza para encuadrarla en el olvido,
recordad al pasional de virtud, sabio y perfecto,
flechado por el ímpetu de los antiguos recuerdos.
Recuerdos enmarcados como señal de resentimiento,
tan prendidos a mi piel como un fuego directo del infierno;
Que no podré abandonar cada marca traída desde el edén sin fin;
Odio amado proveniente de los nueve coros de Serafín...
Las hojas cetrinas danzan en una sinfonía clara y limpia
mientras en risas desencadenadas ante el júbilo los seres rompían
el varón y la fémina de vaivén con los pies inquietos
yo serpenteé con la cálida esperanza traída del averno
Enredado cual cuerda al árbol prohibido del fruto pecaminoso,
mi voz suena tan cálida, rompiendo el umbral de paz en el jolgorio...
—No tengan miedo, no sientan pavor, ¿Por qué no comen del fruto los dos?
—Porque al mínimo mordisco serán mejor que Dios.
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