Desde el corazón ardiente de la zarza del milagro
mis ojos centelleantes como lamentos de fiera
buscan ese otro ojo que me llevará a la salida
asomarme al brocal del hondo abismo
traerte el cielo como trasfondo de un mundo
que será el mundo que a mí en tu sueño me ofrezcas.
Me preparo duramente en las blandas geometrías donde me habitas
para mi próximo habitáculo fugaz -esa epopeya- cuando deje de ser sueño
¿Como reconoceré el hipódromo donde correré mis días de vigilia?
¿Dónde mis trajes de bruma y reflejos se confundirán con los espejos?
¿Qué sospechadas fiestas, en qué selvas, dónde las ignoradas compañías?
Qué inmenso esfuerzo volver a dar forma y nombre a los objetos y los seres.
He recorrido en tu sueño las luminosas esferas del placer
he chapoteado en las ciénagas inmundas de los deseos más impuros.
En tu sueño todo me era dado hasta los actos de amor me enajenabas
En mi sueño tengo que imaginarte, adornarte de corales y guirnaldas
Ese letargo sublime en el que me dabas vida y poder
esa premonición de sueño en el que yo era sólo un latido
tenía que acabar en la fatal madrugada del insomnio.
Mujer soñada que me sueñas
en una reflexión infinita de espejos enfrentados
alentados solamente por la pureza del vidrio
que un súbito rayo de luz puede trizar
tan frágil vida tenemos como el eco de un latido.
En ese duermevela que precede a las grandes decisiones
envueltos todavía por las sedas que acogieron
nuestros lascivos humores
somos destinos indefensos
de la alarma de un reloj.
Ilust.: Getty Images
mis ojos centelleantes como lamentos de fiera
buscan ese otro ojo que me llevará a la salida
asomarme al brocal del hondo abismo
traerte el cielo como trasfondo de un mundo
que será el mundo que a mí en tu sueño me ofrezcas.
Me preparo duramente en las blandas geometrías donde me habitas
para mi próximo habitáculo fugaz -esa epopeya- cuando deje de ser sueño
¿Como reconoceré el hipódromo donde correré mis días de vigilia?
¿Dónde mis trajes de bruma y reflejos se confundirán con los espejos?
¿Qué sospechadas fiestas, en qué selvas, dónde las ignoradas compañías?
Qué inmenso esfuerzo volver a dar forma y nombre a los objetos y los seres.
He recorrido en tu sueño las luminosas esferas del placer
he chapoteado en las ciénagas inmundas de los deseos más impuros.
En tu sueño todo me era dado hasta los actos de amor me enajenabas
En mi sueño tengo que imaginarte, adornarte de corales y guirnaldas
Ese letargo sublime en el que me dabas vida y poder
esa premonición de sueño en el que yo era sólo un latido
tenía que acabar en la fatal madrugada del insomnio.
Mujer soñada que me sueñas
en una reflexión infinita de espejos enfrentados
alentados solamente por la pureza del vidrio
que un súbito rayo de luz puede trizar
tan frágil vida tenemos como el eco de un latido.
En ese duermevela que precede a las grandes decisiones
envueltos todavía por las sedas que acogieron
nuestros lascivos humores
somos destinos indefensos
de la alarma de un reloj.
Ilust.: Getty Images
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