Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
La pulcritud del tiempo me recuerda a las aguas residuales,
entre los desperdicios y los beneficios,
lo mismo.
Pescar una bota raída.
Saltear el entrecot.
Una butaca en la sala del cine.
Resumir la materia para un examen,
hasta concentrarla en un solo renglón.
Condensar los entresijos hasta adquirir la condición de un misterio.
La ternura del filete.
La acritud del licor.
La suavidad del papel higiénico de doble capa.
Todo es un caparazón.
Si te viese ahora mismo, olvidaría la realidad que me conviene.
Volvería a la locura.
De hecho nunca la he abandonado.
Para mí todos son Verónicas y Corales.
No resulto cercano.
No soy así.
Mi madre dice que tengo inteligencia para hacer lo que quiera.
Otros me desean suerte en los laberintos de la mente.
No creo en mi trastorno.
El amor quizá sea ese pánico escénico que me sitúa por debajo de todos ustedes.
Nadie me ha cambiado ni un ápice.
Es más, cada vez soy más suspicaz y miento con más sutileza.
Soy un manipulador de primera.
No creo que tenga más virtudes.
Tampoco las necesito.