ELEGÍA
Apenas un reverbero
de tu lejana presencia
me recordó que viviste.
Sólo eso de tí poseo:
lo demás es ya dolorosa ausencia.
Años de una edad sin tiempo
junto a piedras berroqueñas,
mezcla de calor y sueño.
No recuerdo: te recreo
agua y luz desde mi oscura conciencia
cuando en infantiles juegos
éramos prohibición e inocencia.
Naciste estigmatizada
con el rojo vestigio de la muerte,
tus áureos rizos de ninfa alada
dorado dosel en tu rostro inerte.
Febril fuego tembloroso
lucían tus ojos puros.
Palidez de cadáver prematuro
apagaba tu rostro tan hermoso.
Figura gentil de incipiente talle,
ángel que tu cuerpo encarna,
apenas unos juegos en la calle
tu imagen núbil grabaron en mi alma.
Muerte te llamó y fuiste alba
de aquel día sin ocaso,
herida todavía no cerrada
por un juego de amor, amor a nada.
Ilust.: Marc Chagall
Apenas un reverbero
de tu lejana presencia
me recordó que viviste.
Sólo eso de tí poseo:
lo demás es ya dolorosa ausencia.
Años de una edad sin tiempo
junto a piedras berroqueñas,
mezcla de calor y sueño.
No recuerdo: te recreo
agua y luz desde mi oscura conciencia
cuando en infantiles juegos
éramos prohibición e inocencia.
Naciste estigmatizada
con el rojo vestigio de la muerte,
tus áureos rizos de ninfa alada
dorado dosel en tu rostro inerte.
Febril fuego tembloroso
lucían tus ojos puros.
Palidez de cadáver prematuro
apagaba tu rostro tan hermoso.
Figura gentil de incipiente talle,
ángel que tu cuerpo encarna,
apenas unos juegos en la calle
tu imagen núbil grabaron en mi alma.
Muerte te llamó y fuiste alba
de aquel día sin ocaso,
herida todavía no cerrada
por un juego de amor, amor a nada.
Ilust.: Marc Chagall